Existen teorías, que sitúan la etiología del trastorno de personalidad límite, entre los 2 y los 3 años de edad, haciendo referencia a un desarrollo que se desviado o que se ha quedado bloqueado. Desde esta perspectiva, se hace especial hincapié, en la fase evolutiva llamada de separación–individuación (18-36 meses), entre madre y el hijo. Sería en esta fase, cuando la madre debería ir animando y reforzando al niño, a ser autónomo en todos los intentos que va realizando para conseguirlo. Con esto conseguiría ir separando paulatinamente, su identidad, de la de su madre. Lo que podría suceder en sujetos que desarrollan un trastorno límite de personalidad sería que cada vez que el niño inicia conductas para conseguir más autonomía, la madre las rechaza y desaprueba. Este fracaso en el desarrollo de la propia autonomía, explicaría como posteriormente las personas con trastorno de personalidad límite, no son capaces de desarrollar ni mantener un sentido de identidad estable y como, cuando inician relaciones íntimas con personas significativas, aparecen al mismo tiempo, mecanismos de defensa tales como necesidad de dependencia y de separación (8).
Kernberg y Klein han desarrollado la hipótesis de que estos pacientes tienen una incapacidad constitucional para regular los afectos, lo que les predispone a la desorganización psíquica en ciertas condiciones adversas ambientales en fases tempranas (17).
También se ha señalado la posibilidad de una cierta vulnerabilidad predisponente, de alteraciones en la vinculación, así como de la influencia de experiencias tempranas adversas con figuras relevantes y muy especialmente con la madre (17). Kernberg planteó la hipótesis de que la figura materna es experimentada en las primeras fases del desarrollo, de dos formas contradictorias. De tal forma que por una parte la experimenta como la madre buena y por otra como la madre mala. Esto genera una ambivalencia afectiva que lleva al niño a intensos sentimientos de ansiedad, que llevan a una defensa límite de escisión para mantener separadas esas dos experiencias diferentes. Estas vivencias hacen que en el futuro, la persona adulta con un trastorno límite distorsione sus relaciones en el presente, clasificando a las personas en totalmente buenas o totalmente malas (17).
Otra hipótesis importante es la de Mahler y Masterson, que señalan que los bebés se verían sometidos a separaciones imprevisibles y prolongadas durante la fase de separación-individuación (17). Esta teoría se puede relacionar con facilidad con la hipótesis de haber sufrido algún tipo de maltrato por negligencia durante la infancia.
Como ya se ha señalado previamente, los enfoques con más peso en la actualidad serían los integradores, que aún no tienen una suficiente fundamentación empírica.