Documentación
TLP (Trastorno límite de la personalidad)
Relación entre el trastorno límite de la personalidad y el trastorno por estrés postraumático | Relación entre el trastorno límite de la personalidad y el trastorno por estrés postraumático |
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| viernes, 16 de mayo de 2008 | ||||||
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Relación entre el trastorno límite de la personalidad y el trastorno por estrés postraumático La mayor parte de las investigaciones que han buscado las relaciones entre el trastorno de estrés postraumático y el trastorno límite de la personalidad, han tomado como situación traumática a tener en cuenta en la investigación, la presencia de abusos sexuales persistentes durante la infancia. De manera general, se han tomado como sujetos de estudio en las investigaciones, a mujeres, debido a las superiores tasas de prevalencia para ambos tipos de trastornos, en las mismas. 1.- Síntomas comunes entre trastorno límite de la personalidad y trastorno de estés postraumático En diferentes investigaciones, se ha detectado la coincidencia de diversos síntomas entre ambos trastornos, que se enumeran y explican a continuación: 1.- Conductas autodestructivas como automutilaciones, ideación o intentos de suicidio, aparecen en ambos trastornos, tanto en el trastorno límite de la personalidad como en el trastorno de estrés postraumático (8,21). Se asume, que estas conductas, cumplirían la función de mitigar, el intenso estado de malestar o angustia psíquica que ha quedado cronificado en el sujeto a consecuencia de las experiencias traumáticas (8). Además, aliviarían otros síntomas, como los sentimientos crónicos de vacío o de rabia intensa (8). Diversos autores (8) indican, que estas conductas, son usadas como mecanismo para tranquilizarse, cuando sufren estados de elevada tensión interna, que no son capaces de expresar verbalmente. Otros autores (6,8) han indicado, que estas conductas, son frecuentes, en sujetos que han sido víctimas traumas sexuales. Se supone que las personas, expresarían a través de ellas, sentimientos intenso dolor emocional y sentimientos de culpabilización relacionados con los sucesos traumáticos. Según lo que indica Marchetto (21) son más frecuentes en mujeres que tienen una historia previa de cuidados paternos negligentes y abusos sexuales. La mayoría de estas personas recuerdan que el inicio de este tipo de conductas aparecieron tras la primera experiencia traumática. 2.- Experiencias disociativas: Aunque la despersonalización, no es uno de los principales síntomas, sí que es cierto, que se da en ambos trastornos. Pierre Janet (8) describía esta experiencia, como, un proceso psicológico, mediante el que un organismo reacciona, cuando es incapaz de soportar situaciones que han sido muy traumáticas. Dentro de la misma línea, cabe enmarcar la hipótesis de la regulación afectiva desarrollada por Williams (22) que se denomina también memoria inespecífica como mecanismo de defensa. Este autor afirma que aquellos niños que han sido sometidos a eventos extremadamente negativos, consolidan su memoria mediante recuerdos de tipo general e inespecíficos, ya que esto les ayuda a evitar todas esas emociones negativas que se presentarían al recordar los eventos traumáticos. Algunos autores (8), indican que este tipo de experiencias, cumplen una "función protectora", ya que se da, una represión del recuerdo, que serviría en cierto modo, para alejar al sujeto de los sentimientos de dolor, desesperación, e intensa ansiedad relacionados con el trauma. Briere & Runtz encontraron elevados porcentajes de experiencias disociativas en sujetos que habían sido víctimas de abusos sexuales comparado con otros que no habían sufrido ese tipo de abusos (8). 3.- Reexperimentación del trauma a través de imágenes intrusivas: Horowitz (4) describe la paradójica situación de las personas que han sido víctimas de traumas, que por un lado, a través de los mecanismos de represión y disociación, consiguen no recordar los eventos traumáticos, pero por otro, aparecen frecuentemente síntomas como flashbacks o estados de hipervigilancia, que consiguen traer a la conciencia el recuerdo, generalmente parcial del evento traumático (4). 2.- Traumas y trastorno límite de la personalidad Algunos autores como (5-7) han planteado hipótesis acerca de la posible relación existente entre la vivencia de traumas infantiles y su influencia en el desarrollo del trastorno límite de la personalidad. La mayoría de estos autores han planteado la idea de que el principal evento traumático que se relaciona con recibir de adultos el diagnóstico de trastorno límite de la personalidad, es el hecho de haber sido víctimas de abusos sexuales durante la infancia y la adolescencia. Algunos autores, que citaremos a continuación, han llevado acabo investigaciones para identificar la correlación existente entre, recibir un diagnóstico de trastorno límite de la personalidad y la existencia de una historia previa de abusos sexuales durante la infancia. En esta línea, se ha encontrado que el 75%, de las personas con diagnóstico de trastorno límite de la personalidad, tenían historias infantiles de incesto (2). Bryer, Nelson & Miller (23) encontraron que el 86% referían historias previas de abusos sexuales previos a los 16 años, mientras que para el resto de pacientes no diagnosticados con este trastorno, fueron del 21%. Herman y colaboradores (5), llevaron a cabo una investigación, en la que se trabajó con una muestra de 55 sujetos, que dividieron en tres grupos (29 mujeres y 26 hombres): 1) 21 personas que recibieron el diagnóstico de trastorno límite de la personalidad. 2) 11 tenían rasgos del trastorno límite pero no cumplían todos los criterios diagnósticos. 3) Los 23 restantes recibieron otros diagnósticos diferentes. Estos autores pretendían evaluar los efectos de los traumas en la infancia y la adolescencia., para esto se evaluaron tres tipos de tres variables: 1) Tipo de abuso. 2) Etapa del desarrollo en las que se sufrió el abuso. 3) Si el abuso había sido cometido por una o más personas. Como resultados obtuvieron que, para el grupo de personas que recibieron el diagnóstico de trastorno límite, el 71% había sufrido abusos físicos, 67% abusos sexuales, y el 62% había sido testigo de violencia física. Además el 57%, refería historia de traumas presentes desde la infancia y por más de una persona. Comparando los resultados de este grupo con los otros dos, estos autores encuentran que las personas con diagnóstico de trastorno límite de la personalidad habían sido víctimas de un mayor número de traumas y de manera más frecuente, y además, el inicio de estos fue más temprano que para el resto de los sujetos. Zanarini y colaboradores (24) llevaron a cabo una investigación en la que se trabajó con tres grupos, el primer grupo de sujetos recibió el diagnóstico de trastorno límite de la personalidad, el segundo de trastorno antisocial de la personalidad y el tercero de trastorno distímico. Se pretendía investigar la correlación existente entre estos trastornos y una historia infantil de abusos y negligencias. Se encontró, que el 26% de las personas diagnosticadas como trastorno límite de la personalidad habían sido víctimas de abusos sexuales durante las etapas de la infancia y de la adolescencia por más de un agresor. En las personas diagnosticadas de trastorno antisocial de la personalidad y trastorno distímico los porcentajes fueron 6,9 y 3,8 % respectivamente. Las tasas de abusos físicos y negligencia tanto física como emocional, fueron similares dentro de los tres grupos. Ogata y colaboradores (6), llevaron a cabo otra investigación en la que se trabajó con dos grupos, uno recibió el diagnóstico de trastorno límite de la personalidad, mientras que el otro grupo, recibió el diagnóstico de depresión mayor. Pretendían investigar la correlación de ambos trastornos con una historia previa de traumas infantiles. Se encontró que el 71% de las personas diagnosticadas como trastorno límite de la personalidad habían sido víctimas de abusos; en el caso de las personas con depresión mayor, el porcentaje fue de un 22%. Encontraron además, que el 65% del grupo de personas que había recibido el diagnóstico de trastorno límite, habían sido víctimas simultáneamente de abusos sexuales y físicos, y en el 53 % de estos, habían sido victimas de abusos sexuales por más de una persona. Otros autores que serán citados a continuación, investigaron la relevancia de ambientes familiares anormales o patológicos y presencia de abusos, como posibles factores predisponentes para el desarrollo del trastorno límite de la personalidad. Feldman y colaboradores (4) indican una mayor probabilidad de haberse desarrollado en ambientes familiares caóticos o desorganizados, con ausencia de cuidados básicos y presencia de abusos familiares. Ogata y colaboradores (6) encuentran una mayor frecuencia de cuidados negligentes y rechazo emocional parental. Además de características como menor cohesión entre los miembros de la familia y un elevado grado de conflictividad familiar. Herman y colaboradores (5) señalan que, negligencia y el abuso emocional, pueden jugar un importante papel en relación al ambiente familiar de estos sujetos. Para algunos autores (25), los abusos amplificarían los efectos de la negligencia emocional y explicarían las tormentosas relaciones interpersonales que desarrollan en la vida adulta estos pacientes y la mayoría de los síntomas relacionados con dicha patología, especialmente los relacionados con el área de los sentimientos. Kernberg (25) señala que cuando un niño es maltratado por aquellas personas que se supone deben promulgarle cuidados y otorgarle seguridad, el resultado, es una gran confusión a cerca de dichas figuras, que se trasladará, hacia la percepción de las propias habilidades y juicios de identidad, quedando ambos seriamente comprometidos. Weaver y Clum (26) desarrollaron una investigación para intentar verificar su hipótesis de partida, en la que esperaban comprobar, que las personas que habían recibido el diagnóstico de trastorno límite de la personalidad, habían sido víctimas de un mayor número de eventos traumáticos infantiles, y se habían desarrollado en un ambiente familiar caracterizado por menor cohesividad y expresividad y mayor conflictividad. Tomaron como muestra un total de 36 sujetos, todas mujeres, que dividieron en dos grupos; 17 recibieron el diagnóstico de trastorno límite de la personalidad, mientras que los 19 restantes formaban parte del grupo control. Las personas de ambos grupos habían sido víctimas de traumas infantiles. Los resultados obtenidos confirman la hipótesis de partida, y además, son coherentes con otras investigaciones en las que se ha encontrado, que el ambiente familiar de sujetos que recibían el diagnosticado de trastorno límite de la personalidad, se caracterizaba por, la presencia de unas figuras paternas disfuncionales en cuanto al cuidado, unido a la presencia de abusos sexuales o físicos repetidos (26). Otros autores, que serán citados a continuación, plantean la hipótesis de que los sujetos que reciben el diagnóstico de trastorno límite de la personalidad, han sido víctimas de diversos tipos de traumas de manera repetida y simultánea a lo largo del desarrollo evolutivo. Wilkins y colaboradores (25) llevaron a cabo una investigación en la que trabajaron con 16 mujeres que habían recibido el diagnóstico de trastorno límite de la personalidad y que además habían sido víctimas de algún tipo de experiencia traumática a lo largo de la infancia. Los resultados obtenidos indicaban, que todas las pacientes habían sido víctimas de una combinación de abusos infantiles, de tipo sexual, emocional y negligencia. 11 mujeres habían sido criadas en familias de acogida, pero aun así, afirmaron haber crecido dentro de ambientes familiares inestables en los que participaban frecuentemente los servicios sociales. De éstas, cinco habían sido víctimas de abusos sexuales perpetrados por los padres de la familia de acogida. Es importante tener en cuenta que en estas pacientes, a las experiencias traumáticas vividas durante la infancia, se unen factores patogénicos relacionados con el ambiente familiar, ya que los cuidadores o estaban ausentes o fueron negligentes y crueles. Dentro de la misma línea, Westen y colaboradores (7) en su investigación, trabajaron con dos grupos de mujeres adolescentes, el total de la muestra lo conformaban 50 sujetos, 27 de ellas habían recibido el diagnóstico de trastorno límite de la personalidad y las 23 restantes, recibieron otros diagnósticos diferentes. Pretendían investigar la relación existente entre diferentes tipos de traumas infantiles y las patologías estudiadas. Se encontraron diferencias significativas entre el grupo de pacientes con trastorno límite de personalidad y el otro grupo, siendo mayores los porcentajes de experiencias traumáticas para el grupo de personas diagnosticadas de un trastorno límite de la personalidad. Un 37% de personas con dicho diagnóstico habían sufrido abandono de los padres, frente a un 13% del otro grupo. Un 44,4% habían sufrido negligencia en el cuidado 44,4% (frente a un 17,4% de las personas del otro grupo). Un 51,9% habían sido víctimas de abusos físicos (en comparación con 26,1% en el otro grupo). Y un 52% habían sufrido abusos sexuales (19% en el grupo de personas sin diagnóstico de trastorno límite). Traumas infantiles y relación con los trastornos de estrés postraumático y personalidad límite En las últimas décadas, diferentes profesionales, como Hodges (1) han señalado, la existencia de coincidencias e incluso solapamientos, en los criterios diagnósticos del trastorno límite de la personalidad y el trastorno por estrés postraumático. Ya se han señalado previamente los diferentes puntos de vista con respecto a la existencia o no del trastorno límite de la personalidad, habiendo autores que han llegado a negar su existencia o han criticado la amplitud de criterios para ser incluidos en ese diagnóstico (1). Por otra parte, la revisión de la definición de trauma, en la cuarta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, según algunos autores (1), ha abierto la posibilidad de considerar eventos traumáticos, como una historia de abusos sexuales crónicos durante la infancia, como desencadenantes del trastorno de estrés postraumático. Kroll (1) indica que la reescritura de los criterios de los trastornos de estrés postraumático y el de la personalidad límite, ha generado grandes dificultades, para ver ambas categorías como algo separado e independiente. Por ejemplo, Zanarini y colaboradores (27) encontraron que en un 56% de los casos de personas que recibían el diagnostico de trastorno límite de la personalidad, también, se cumplían los criterios parea el diagnóstico del trastorno de estrés postraumático crónico. Algunos autores (1) indican que estos trastornos se asemejan también, en el hecho de que frecuentemente se diagnostican comorbidamente, con trastornos del estado de ánimo y de ansiedad y que la prevalencia es superior en mujeres que en hombres. Lo que parece claro es que existen diferentes puntos de vista acerca de las relaciones existentes entre el trastorno límite de la personalidad y trastorno por estrés postraumático. Gunderson y Sabo (3), afirman que el origen del trastorno de la personalidad límite está relacionado con una infancia caracterizada por la presencia prolongada y repetida de abusos. Esta situación tendría como consecuencia, el desarrollo de una personalidad desestructurada y más vulnerable al desarrollo futuro de síntomas de estrés postraumático, debido a la acumulación de factores estresantes. Desde esta perspectiva, se hace hincapié, en el hecho de situar dentro de un espectro continuo, factores como la severidad de los estímulos estresores, experiencias y expresiones de los síntomas. Parece ser que la severidad de los factores estresantes, podrían llegar a predecir, la clase, severidad y persistencia de la propia sintomatología (1). Autores como Zimmerman y Mattia (1), plantean la posibilidad de la inexistencia de la categoría diagnóstica "trastorno límite de la personalidad", indicando que, éste es un diagnóstico equivocado, que se aplica a aquellas personas, que padecen un trastorno de estrés postraumático crónico, cuyas características han pasado a integrarse dentro de la personalidad del sujeto. En la misma línea se plantea que los sujetos que han sido víctimas de abusos sexuales durante la infancia, desarrollan una cadena de trastornos psicológicos que se inician en la infancia y perduran a lo largo de la vida adulta; de tal forma que si estos niños desarrollan un trastorno de estrés postraumático, éste puede persistir a lo largo de la vida adulta (4).
Las investigaciones acerca de la elevada prevalencia de eventos traumáticos durante la infancia y la adolescencia, en los sujetos con trastorno límite de la personalidad y la coincidencia en la propia sintomatología con el trastorno de estrés postraumático, ha dado pie, a que muchos autores se plantearan la hipótesis, de que el trastorno límite de la personalidad podría constituir una variante, dentro del espectro del trastorno de estrés postraumático. Algunos autores como, Zanarini y colaboradores (27), han constatado que los índices del trastorno de estrés postraumático en pacientes con trastorno límite de la personalidad, varían entre un 26 y 52%. Estos resultados podrían indicar que este trastorno de la personalidad, puede constituir una variante del trastorno de estrés postraumático. Los índices más elevados de trastorno de estrés postraumático, en los sujetos con trastorno límite de la personalidad, podrían reflejar una mayor vulnerabilidad a los efectos psicológicos del estrés generado por los acontecimientos traumáticos previos y una menor capacidad de adaptación o recuperación de los mismos (2). Como estudio empírico que ha tratado de buscar una mayor claridad en esta cuestión hay que señalar el de Golier y colaboradores (2), que llevaron a cabo una investigación, en la que pretendían examinar la relación existente entre el trastorno límite de la personalidad y el trastorno por estrés postraumático. Para ello se tuvieron en cuenta diferentes variables tales como el tipo de eventos traumáticos y su momento de aparición. La muestra sobre la que se llevó a cabo la investigación, se compuso de un total de 180 personas (117 hombres y 63 mujeres), diagnosticados de al menos un trastorno de la personalidad. Los resultados obtenidos muestran que los abusos sexuales no guardan una relación exclusiva, con el trastorno límite de la personalidad, ya que se han constatado en otros trastornos de personalidad. Tampoco pudo afirmarse, que los sujetos que han recibido el diagnostico de trastorno límite de la personalidad, presentan una mayor probabilidad de sufrir eventos traumáticos a lo largo de la vida adulta. La prevalencia del trastorno de estrés postraumático comórbido al trastorno de personalidad fue mayor para los sujetos que recibieron el diagnóstico de trastorno de personalidad paranoide. En base a estos resultados se podría afirmar que los datos obtenidos, no son lo suficientemente concluyentes como para poder considerar que el trastorno límite de la personalidad es un trastorno clasificable, dentro del espectro de los trastornos de estrés postraumático.
Conclusión En base a la literatura revisada, se podría deducir, en relación con los objetivos planteados inicialmente lo siguiente: 1) Parece haber relación entre el haber vivido una historia de traumas en la infancia y en la adolescencia y el desarrollo de trastorno límite de la personalidad en la vida adulta. 2) Se dan importantes dificultades diagnósticas, cuando hay antecedentes de traumas persistentes en la infancia y en la adolescencia, para establecer un diagnóstico diferencial entre el trastorno límite de la personalidad y el trastorno por estrés postraumático crónico, aunque esto no sucede en todos los casos. De ambas conclusiones podríamos deducir la necesidad de profundizar más en la definición de los conceptos y en la investigación, sobre estos temas para tratar de alcanzar una mayor claridad en el diagnóstico, de cara a encontrar el tratamiento más adecuado para los pacientes que hayan sufrido episodios traumáticos en la infancia.
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