Nueva por aquí, necesitando compartir...
No tuve tiempo de hacerte saber lo mucho que modificaste mi existir en estas semanas que en mi historia se han quedado grabadas como décadas… Me faltaron días para poderte compartir la dicha inmensa que lograste rescatar del olvido y que sólo puede sentirse cuando el alma es descubierta y conquistada por otro ser.
No tuve tiempo de abrazarte lo suficiente, para transmitirte el calor que tus besos fecundaron y que hoy me cuesta trabajo reconocer, en medio del frío intenso que tus palabras han dejado sin posibilidad de réplica. Me faltaron horas para cuidarte y hacerte saber que estaba dispuesta a acompañarte en ese extraño camino tuyo, tan incierto pero tan maravilloso en el que tu mirada y la mía se encontraron a ratos para jugar a no ser vistas y soñar con lo imposible.
No tuve tiempo de convencerte de que valía la pena que me permitieras no ser extranjera en ésa tu patria emocional a la que nadie entra. No tuve oportunidad de explicar que la presión y la insistencia se debían a la falta de fe y nunca al afán de controlar lo incontrolable. Me faltaron minutos para entregar el rescate que ofreció tu honestidad para la confianza durante tantos años secuestrada.
No tuve tiempo de despojarme del miedo y abrirte mi alma toda para que tomaras de ella lo que tanto quise entregarte; no tuve el valor de compartir contigo cada diminuto detalle en que la alegría de tu presencia o tu simple recuerdo estuvieron involucrados con mis sentires y cambio de hábitos en esto que llaman cotidianidad; esta cotidianidad que hoy regresa inevitablemente a los límites que no deja rebasar la soledad y el desconsuelo.
No tuve tiempo siquiera de darte las gracias por haber sido el cielo que me cobijó y que me dio el espacio para volver a abrir mis alas y recordar lo extraordinario que es volar en medio de una caricia. Me faltaron también estas líneas para decir: Que Dios te guarde amor, aunque no quede tiempo.
Todo el mundo sufre los mismos golpes en la vida que nosotros. Lo que nos diferencia es que nosotros nos dejamos arrastrar por el sentimiento que ellos suscitan en nuestra alma. No dejes que te arrastre el goloso extremismo (aunque nos sea imposible, he de aconsejartelo). Un abrazo.
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