La estructura de personalidad del TLP se caracteriza por tres componentes básicos:
1) Falta de un sentido claro de identidad (confusión respecto a las metas, prioridades y valores).
2) Defensas primitivas, como desvalorización, idealización, externalización, y proyección.
3) Congruente sentido de la realidad, el cual permanece intacto pero vulnerable a los cambios y a los fracasos (manifestándose por una mala adaptación a los mismos).
Complementando estos 3 factores, clínicamente se puede observar tres rasgos fundamentales:
1) Relaciones intensas e inestables.
2) Episodios de ira subida e incontrolada.
3) Conductas compulsivas, sentimientos crónicos de vacío, aburrimiento o soledad.
Según la teoría de Beck, los supuestos básicos del individuo juegan un papel central, al influir en la percepción e interpretación de los acontecimientos conformando la conducta y las respuestas emocionales. En los pacientes con TLP se encuentran tres supuestos que parecen desempeñar un papel relevante en el trastorno:
1) "El mundo es peligroso y malo" esta creencia lleva al individuo a la conclusión que es peligroso bajar la guardia, asumir riesgos, revelar la propia debilidad. Por lo cual aparece tensión, ansiedad crónica, actitud de alerta.
2) "Soy impotente y vulnerable" ante un mundo que es peligroso y malo hace que el individuo limite no sea capaz de enfrentar con eficacia las exigencias de la vida cotidiana. Resolviendo esta situación tornándose dependientes.
3) Pero la opción de ser dependiente se ve bloqueada por una tercera creencia "Soy intrínsecamente inaceptable" lo que promueve conductas inadecuadas para evitar el rechazo.
El dilema del individuo se plantea de la siguiente manera:
convencidos de estar relativamente desamparados, en un mundo hostil, sin
una fuente de seguridad, vacilan entre la autonomía y la dependencia sin confiar ni en una ni en la otra, forjando un pensamiento dicotómico, con distorsiones cognitiva, que hacen que evalúen en categorías mutuamente excluyentes, la experiencia vital.
Young y Swift (1988) desarrollaron una lista de lo que ellos mismos denominaron "esquemas inadaptados tempranos"; su enfoque difiere del modelo estándar de la terapia cognitiva proponiendo que a través de una niñez, marcada por abusos sexuales y maltrato físico, se pueden formar patrones de pensamiento extremadamente estables, capaces de generar pautas inadaptadas de conducta (Tabla I)

Refieren que cuando estos esquemas son activados por acontecimientos que guardan relación con ellos, resultan distorsiones del pensamiento, fuertes respuestas emocionales, y conductas problemáticas. La amplia variedad de esquemas inadaptados tempranos presentes en el trastorno limite de personalidad, explica la extensa gama de síntomas que presentan estos pacientes.
Los actos de autolesión (como los cortes en las muñecas) y los gestos de tipo suicida o los intentos reales de suicidio, son muy frecuentes en el TLP. Estos intentos requieren de un abordaje psicoterapéutico muy cuidadoso, e inmediato. El carácter ego-sintónico de los gestos o de los actos suicidas, lo diferencia del sentimiento de dolor o de perturbación que se presentan en respuesta a los acontecimientos vitales de las personalidades no trastornadas.
Los episodios de autolesión o de automutilación se han definido por algunos Autores como un mecanismo por el cual el paciente alivia los síntomas derivados de la tensión social existente y no requieren de hospitalización, por el contrario estaría contraindicada, solo se requerirá si el comportamiento suicida está asociado a sentimientos de vacío crónico, desesperanza y/o episodio depresivo mayor.