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El trastorno borderline. Evolución del concepto.
El trastorno borderline.
Evolución del concepto.
Clínica y patología
Néstor Ricardo Stingo, María Cristina Zazzi,
Liliana
Noemí Avigo, Carlos Luis Gatti
Evolución del concepto
Introducción
El presente trabajo pretende
explicitar la génesis del término borderline y sus diferentes acepciones en la
práctica clínica actual. Diversos autores lo utilizan desde hace más de un siglo
para dar cuenta de un grupo de pacientes que se caracterizan básicamente por
constituir una patología de frontera o de borde entre la neurosis y la
psicosis.
El trastorno borderline tiene una innegable repercusión social. A
su vez, la sociedad incide sobre él. Los malestares culturales, las vicisitudes
y avatares de la vida corriente, pueden contribuir a la aparición del fenómeno y
su distribución.
Una de las características de la sociedad actual es el
hundimiento de los valores concensuados, cuyo lugar es ocupado por sentimientos
de apatía, desesperanza y vacío de sentido, los cuales tienden a ser compensados
por diversos mecanismos, entre los que podemos destacar: adicciones variadas,
conductas delincuenciales, auto y heteroagresividad. La autoidealización
narcisista sustituye a los ideales culturales. La abolición de puntos de
referencia se relaciona con la patología del límite, buscando precisamente eso:
un perímetro, un cierre. Los padres a menudo están imposibilitados de marcar o
brindar tanto límites como objetivos, porque ellos fueron los primeros en
recibir el impacto del cambio social. La transgresión de los valores éticos y
culturales aparece en muchísimos casos como el modelo a imitar. El consumo en su
doble vertiente, auto y hétero, es la ética vigente. Todo esto configurado en un
ámbito que semeja al existencialismo desde una perspectiva postmoderna.
Las
condiciones de estructuración de la personalidad distan de ser las más
convenientes. Se trata de sujetos con claras falencias en dicho
terreno.
Problemáticas tales como el uso indebido de drogas, trastornos
antisociales, alcoholismo y agresividad, entre otras, encuentran en este
trastorno una vía de canalización.
Aspectos Históricos
La primera vez
que aparece el término borderline es en 1884. En ese año, Hughes (psiquiatra
inglés) designa así a los estados borderline de la locura. Los define como
“personas que pasaron toda su vida de uno u otro lado de la línea”.
Rose los
diagnosticaba cuando había síntomas neuróticos graves.
Bleuler describe la
esquizofrenia latente, que podría ser el análogo de los estados
fronterizos.
Freud, en “El hombre de los lobos”, describe un caso
diagnosticado como neurosis obsesiva, pero que a la luz de las investigaciones
actuales y la revisión psicopatológica podría ser entendido como un caso de
patología fronteriza.
Henry Claude hablaba de esquizomanías.
Marco
Merenciano introduce el término “psicosis mitis” para describir a este tipo de
pacientes.
W. Reich aporta el término “carácter impulsivo”.
F. Alexander,
en 1927, los ubica dentro de lo que denomina el “carácter neurótico”.
Stern,
en 1938, es quien formaliza el término borderline, a partir de estudios
clínicos. Se refiere a una “hemorragia mental”, definida como intolerancia al
dolor mental. Los enfermos tienen el sentimiento permanente de estar heridos o
ser lastimados.
H. Deutche, en 1942, se ocupa de las personalidades como
si.
Conceptualizaciones modernas
En 1947, Melita Schmideberg enfatiza
la estable inestabilidad de estos pacientes. Sostiene que los rasgos
característicos del fronterizo no son sus síntomas. Resalta como lo más
importante la falta de sentimientos normales y el profundo trastorno de la
personalidad.
Fenichel utiliza el término “esquizofrenia marginal”.
Hoch y
Polatin hablan de esquizofrenia pseudoneurótica.
H. Ey, de
esquizoneurosis.
En 1967, Grinker y otros hablan del síndrome borderline,
cuyas características serían:
1) Rabia como único o esencial afecto;
2)
anaclisis (recostarse sobre) como trastorno en las relaciones objetales;
3)
ausencia de indicadores de autoidentidad consistente (inestabilidad);
4)
depresión sin sentimiento de culpa, autoacusación o remordimiento.
Dividen a
estos pacientes en cuatro grupos, según se acerquen o alejen de la
psicosis:
Grupo I: Frontera con la psicosis.
Grupo II: Síndrome fronterizo
central.
GRUPO III: Personalidades como si.
Grupo IV: Frontera con la
neurosis.
Kernberg habla de organización borderline de la personalidad. Pone
el énfasis en que no se trata de un estado transitorio, sino estable, con
fachada neurótica polisintomática, con identidad difusa. Para él estos estados
están caracterizados por:
1) Manifestaciones de debilidad yoica, tales como
intolerancia a la ansiedad, regresión defensiva y control inadecuado de los
impulsos, junto a falta de canales sublimatorios;
2) “viraje hacia el
pensamiento del proceso primario”;
3) operaciones defensivas específicas como
el splitting, idealización, negación, omnipotencia, devaluación, proyección e
identificación proyectiva.
James Masterson sitúa el cuadro como una detención
del desarrollo fijado, en la fase del reencuentro cordial, momento básico en la
separación individuación infantil, según la clasificación evolutiva de Mahler.
Hace una división entre:
1) Estados borderline: aparentemente bien adaptados,
generalmente no consultan;
2) Síndromes clínicos borderline: en los que hay
una depresión de abandono, fijación oral; el miedo básico es a ser engullido o
abandonado por la madre; no hay delirio ni regresiones profundas.
Gunderson
explora cinco áreas:
1) La adaptación social, aparentemente sin
dificultades;
2) impulsos y acciones (impulsiones, uid, alcohol,
autoagresión, promiscuidad, bulimia);
3) en el área de los afectos,
depresión, rabia, ansiedad y desesperación;
4) las psicosis suelen ser breves
y poco severas;
5) relaciones interpersonales: no soportan estar solos,
necesitan del otro en todo momento; son dependientes, masoquistas, manipuladores
y desvalorizadores.
Carlos Paz realiza una experiencia psicoanalítica en el
tratamiento de los borderline. Encuentra:
1) Trastornos en la relación con la
realidad, en la cual hay alteraciones groseras aunque transitorias, sin pérdida
del juicio de la realidad.
2) trastornos del pensamiento, autorreferencia,
concretos, irrupción del proceso primario y de las ecuaciones simbólicas;
3)
perturbaciones defensivas: represión defectuosa;
4) trastornos en la
regulación de la agresión; rabia que puede originar violencia; no pueden
controlarse;
5) trastornos de la sexualidad; fantasías sexuales
sadomasoquistas masturbatorias con fantasías eróticas perversas, promiscuidad,
impotencia, inactividad;
6) expresiones y movimientos corporales típicos:
tirarse de los dedos de la mano y de las rodillas, tirarse como una bolsa de la
papa;
7) presencia de ansiedades confusionales;
8) vínculos
transferenciales y contratransferenciales característicos.
Los fenómenos
transferenciales son primitivos e intensos, llamados por algunos autores
“transferencia delirante” por las distorsiones observadas, o “transferencia
psicótica”, alternando con “transferencia neurótica”, a veces encubiertas por
una adaptación forzada.
Las características contratransferenciales están
dadas por reacción intensa del analista, se la describe como exigente,
abrumadora, atrapadora del analista. El analista experimenta tensión y miedo,
alternan momentos de confusión con otros de interés o preocupación, como también
fastidio o aburrimiento.
En los últimos años ha tomado envergadura la
terminología borderline, la cual ha aparecido en las diferentes clasificaciones,
tanto en la americana como en la OMS. Este síndrome, también denominado “límite”
(de la personalidad), es la gran preocupación de la psiquiatría, la psicología,
la sociología y demás ciencias del hombre.
La patología borderline, hoy en
día, es sin duda una problemática psicosocial, ya que frecuentemente se asocian
a cuadros de toxicomanías.
Ciertos autores comparan al paciente borderline
actual con los histéricos de fines del siglo XIX y principios del siglo XX.
Sostienen que son equivalentes.
Sobre la base de nuestra experiencia clínica
nos resulta práctico clasificar en los siguientes cuatro grupos las formas
clínicas de los pacientes con trastornos borderline de la personalidad:
Grupo
A: Borderline con predominio de características esquizoides y/o paranoides
(correspondería al grupo más cercano a la psicosis).
Grupo B: Borderline con
predominio de características distímicas.
Grupo C: Borderline con predominio
de características antisociales y perversas (corresponderían al grupo de
trastorno de personalidad borderline propiamente dicho, cumpliendo con casi
todos los criterios del DSM IV).
Grupo D: Borderline con predominio de
características neuróticas (obsesivo compulsivas, histéricas y fóbicas)
graves.
Esta clasificación es orientativa a los fines didácticos. En la
práctica cotidiana podemos observar la conformación de casos mixtos, que serían
los más numerosos.
Clínica y psicopatología del paciente
borderline
Marco referencial
Es conveniente explicitar el marco teórico
referencial en el cual nos basamos para el diagnóstico. Éste está sustentado por
los aportes de distintas escuelas, entre ellas, la psicoanalítica americana,
británica y francesa.
La escuela americana pone el énfasis en la labilidad
yoica o del self y en la difusión de la identidad. En cuanto al primer punto,
presentan alteraciones de las siguientes funciones yoicas:
1) Autonomía,
relacionada con la creatividad y la identidad;
2) autovaloración;
3)
agresión constructiva;
4) tolerancia a la frustración;
5) alteración en la
regulación de los límites, a partir del yo, entre mundo inconsciente y realidad
exterior;
6) la integración;
7) la formación de conceptos;
8) el
planeamiento realista.
El trastorno clave estaría en la discontinuidad en el
desarrollo de las relaciones objetales internalizadas, que contribuyen a la
integración yoica. El objeto es vivido en función de la satisfacción de las
necesidades. No se alcanza la constancia objetal, que se define como la carga
del representante psíquico constante del objeto, independiente del estado de
necesidad.
La escuela inglesa acentúa las ansiedades psicóticas y los
mecanismos caracterológicos neuróticos que se erigen frente a éstas, y un modo
particular de vivir la relación con el objeto.
Hanna Segal, cuando describe
la psicopatología de la posición esquizoparanoide, hace mención de los
mecanismos defensivos de estos pacientes y acuña el concepto de “tercer área”,
lugar de la mente donde se resguardan o aíslan aspectos escindidos.
Betty
Joseph describe la pseudocolaboración y un problema casi universal del paciente
borderline: la intolerancia al dolor mental.
Searles y Mahler hacen hincapié
en el vínculo simbiótico del borderline.
Winnicott postula la existencia del
falso self y el objeto transicional. Para él, en el self no hay continuidad de
representación. El self pasado y el self deseado (futuro), no coinciden en el yo
presente.
Fairbain plantea el conflicto esquizoide como el nódulo de la
psicopatología.
Melita Schmideberg sostiene que los fronterizos padecen de
trastornos que afectan casi todas las áreas de su personalidad y su vida,
principalmente las relaciones personales y la profundidad de los sentimientos,
la identificación y la empatía, su actitud frente a la sociedad y la realidad,
la volición y el autocontrol, las sublimaciones, las actividades y la capacidad
para el trabajo, la capacidad para gozar y la necesidad de placer, la vida
sexual, la experiencia y el control de las emociones, la vida de las fantasías,
los ideales, los valores y las metas en la vida; una profunda falta de
integración de la personalidad. Sus relaciones de objeto son superficiales y
débiles y carecen de profundidad de sentimientos, de constancia, empatía y
consideración por los demás.
La escuela francesa, con Bergeret, considera
como trastorno dominante en los borderline los síntomas depresivos, que llevados
al extremo pueden definir un tipo de depresión llamada “esencial”. Para Bergeret
hay una falla en la posibilidad de estructuración neurótica o psicótica, por
ello es que habla de una a-estructuración, es decir una no-estructura que en su
desarrollo puede orientarse hacia uno de estos polos; mientras tanto no es ni
una cosa ni la otra.
Alternativamente, entretanto, el paciente se maneja
básicamente con una modalidad defensiva y relacional de orden psicótico y
síntomas de características más neuróticas. También presentan trastornos del
carácter de menor nivel.
Los datos semiológicos clínicos son:
1)
Angustia:
Es crónica y difusa. Se trata de un afecto continuo que no obstante
puede manifestarse como una crisis de angustia con el correlato somático
correspondiente. Además de las crisis, puede llegar a un estado de
desfallecimiento de todas las funciones psíquicas, junto con las manifestaciones
somáticas. La desrrealización y la despersonalización aparecen como extremos,
acompañadas por síntomas somáticos tales como vértigo, taquicardia y otros
característicos de la crisis de angustia corriente. Desde el punto de vista de
la psicología del yo, el diagnóstico se orienta más a la evaluación de la
estructura del yo que a los síntomas. Cuando hay perturbaciones en el desarrollo
yoico, la angustia no puede ser procesada como señal, sino que se vive como
amenaza difusa y global, como peligro de aniquilación, y por lo tanto, puede
aparecer en forma brutal, poco canalizable por la simbolización.
Es una
angustia ligada a la pérdida de sentido, que remite a la pérdida de objeto.
Freud destaca que las reacciones frente a la separación se asemejan más al duelo
que a la angustia, se ligan con el exceso de excitación pulsional y la pérdida
de la función protectora del objeto frente a la pérdida libidinal. La ubicación
psicopatológica de ésta correspondería para Kernberg, Masterson y otros, en el
esquema psicoevolutivo de Mahler, a la subfase de reacercamiento de la fase de
individuación-separación, en la cual las ansiedades de abandono se sienten al
máximo y la omnipotencia ha decrecido.
2) Incapacidad para sentir:
En
ocasiones el paciente toma conciencia de un vacío afectivo cercano a la
despersonalización. En estos casos sufren por su incapacidad para sentir y a
veces hacen escenas de tipo histérico, tienen reacciones emocionales exageradas,
ingieren alcohol o drogas, cometen delitos o tienen relaciones sexuales
patológicas para librarse de su vacío y anestesiarse, paradojalmente, con
sensaciones intensas. Gran parte de su acting out y de sus estallidos
emocionales constituyen un intento por superar su insensibilidad. Aunque anhelan
experimentar emociones genuinas, no pueden tolerarlas. Se protegen contra el
sentimiento, manteniendo las relaciones en un nivel muy superficial o cambiando
frecuentemente de trabajo o de pareja o el lugar donde viven. Esto explicaría en
gran medida su inestabilidad. Schmideberg dice: los fronterizos son
fundamentalmente no sociales y algunos abiertamente antisociales.
Una de las
manifestaciones de la inestabilidad es la inestabilidad afectiva. El estallido
de sus afectos y la tendencia a la actuación perturba sus relaciones
sociales.
En el plano laboral también se muestran inestables. Aunque algunos
tienen inteligencia superior o verdaderas condiciones intelectuales, carecen de
capacidad para la concentración, la perseverancia y el deseo de hacer un
esfuerzo sostenido. Otros elementos que contribuyen a la inestabilidad laboral
son su baja tolerancia a la frustración, la hipersensibilidad a las críticas y
la espera de alabanzas y recompensas totalmente desproporcionadas, que
condicionan que sean despedidos de sus empleos o que ellos mismos los abandonen.
También es destacable la incapacidad para aceptar las reglas y la rutina.
3)
Depresión:
El tipo de afecto depresivo ayuda a evaluar el grado de
integración del super yo. Los sentimientos de culpa evidencian una buena
integración de las interdicciones, así como los de rabia, de desesperación y una
imagen de sí mismo idealizada, indican una mala integración de esta instancia.
La depresión se caracteriza, básicamente, por sentimientos de vacío y soledad, a
diferencia de lo que ocurre en el verdadero depresivo, en el cual hay temor a la
destrucción del objeto. En el caso del borderline hay cólera o rabia contra el
objeto considerado frustrante. La depresión es muy variable, en función del
ambiente y sin cambios circadianos.
4) Intolerancia a estar solo:
La
modalidad de relación es anaclítica. La intolerancia a estar solo se manifiesta
como un afán de aferrarse vorazmente, a través de la voz o de la presencia
física del otro, o en determinados casos por intermedio del objeto droga,
alcohol o alimento según sea la adicción, como intento fallido de narcotización
de la falta. En realidad, no hay posibilidad de introyección del objeto, el cual
aparece como presencia lábil con tendencia a la desaparición inminente. Toda
tensión es intolerable, y de allí la aparición, sin mediatización de las
conductas actuadas de aferramiento. La relación de objeto del borderline es
siempre parcial. Puede ser con un objeto parcial o con uno total. La relación de
objeto parcial significa empleo de disociación, proyección, idealización,
negación y omnipotencia, e implica splitting del yo. La idealización tan
frecuente en los borderline implica disociación, negación de los aspectos
rechazados del objeto y proyección de los mismos a un objeto
desvalorizado.
5) Anhedonia:
Es la incapacidad de sentir placer, entendido
como la obtención de satisfacción a partir de un estímulo determinado o las
sensaciones de bienestar que dan las gratificaciones o el logro de objetivos.
Existe siempre en el paciente borderline una insatisfacción permanente y
manifiesta, una frustración constante. Los objetivos que se plantea nunca llegan
a conseguirse, son inalcanzables. O por el contrario, cuando son alcanzados,
pierden valor inmediatamente. No hay identidad integrada, un yo estable y
totalizador que permita asimilar la experiencia placentera. Tomando a Winnicott,
explicamos el mecanismo de la anhedonia como una falla en la articulación entre
el yo corporal y el yo como instancia psíquica, lo cual produce alteraciones en
la triple creencia del infante:
a) Continuidad de la existencia;
b)
identidad consciente;
c) funcionamiento natural de su cuerpo.
Esta triple
creencia funda el placer de vivir, que obedece al Principio del Placer. En los
pacientes borderline la tendencia a evitar el displacer se hace más fuerte que
la búsqueda del placer, en condiciones por ejemplo de debilidad de
funcionamiento innato, de disociación defensiva contra el dolor de la
impotencia, el desamparo y la frustración, con riesgo de alterar las creencias
de base y de perder el placer de vivir. La escisión entre lo psíquico y lo
somático protege contra la destrucción total. Como consecuencia de la escisión,
falla la creencia y se instala el vacío. Habría una disociación entre un self
profundo que no interviene en los vínculos con el ambiente y un self adaptativo
disociado que se desarrolla a expensas de un empobrecimiento afectivo y da lugar
a sensaciones de vacío y futilidad.
6) Neurosis polisintomáticas:
Pueden a
presentar dos o más de los siguientes síntomas:
a) Fobias múltiples
generalmente graves, especialmente agorafobia. La relación con el objeto está
sometida a regulación de la distancia con mecanismos agora y claustrofóbicos.
Asociadas con tendencias paranoides, originan serias inhibiciones
sociales.
b) Síntomas obsesivos compulsivos. Sintónicos con el yo y con
tendencia a racionalizarlos.
c) Múltiples síntomas de conversión,
generalmente crónicos.
d) Reacciones disociativas.
e) Estados de
ensoñación, fugas y amnesia con trastornos de conciencia.
f) Hipocondría.
Exagerada preocupación por la salud y temor crónico a enfermar. Se refiere no
sólo al cuerpo, sino también a la mente. Describe minuciosamente sus malestares,
reacciones y sensaciones. Es común el temor a volverse locos.
g) Tendencias
paranoides e hipocondríacas con cualquier otra neurosis sintomática. Este
elemento sería para Kernberg una combinación típica, presuntiva del diagnóstico
de organización límite.
h) Descontrol impulsivo, incluido el pasaje al acto y
el acting out. Este descontrol impulsivo puede ser vivenciado egodistónicamente
fuera de los episodios “empujados” por el impulso, que son egosintónicos y
generalmente agradables durante el episodio mismo. El alcoholismo, la
drogadicción, la bulimia, las compras descontroladas, la cleptomanía, entre
otros.
8) Tendencias sexuales perverso polimorfas:
Suelen coexistir varias
tendencias en forma de fantasías o de acciones. Las formas bizarras de
perversión, principalmente las que manifiestan agresión o sustitución primitiva
de los fines genitales, con fines eliminatorios (orina, defecación), son también
indicadores de una organización límite de la personalidad.
A veces la
homosexualidad puede funcionar como defensa frente a ansiedades de
abandono.
Habría condensación de conflictos genitales y pregenitales y un
prematuro desarrollo de los conflictos edípicos, causado por el predominio de
las tendencias agresivas. En la historia hay experiencias tempranas de
frustración extrema. Excesiva agresión pregenital especialmente oral es
proyectada haciendo aparecer a la madre como potencialmente peligrosa, odio que
se hace extensivo a ambos padres. También hay un prematuro desarrollo de las
tendencias genitales, con las que tratan de evitar la rabia y los temores
orales. Esto fracasa por la intensa agresión pregenital que contamina también
las tendencias genitales. En la mujer, los intentos de solución pueden
manifestarse como:
a) El refuerzo del edipo negativo, es decir el
sometimiento sexual al padre para obtener las gratificaciones orales negadas por
la madre. Homosexualidad de origen predominantemente oral.
b) Relación
heterosexual que en el plano profundo intenta robar sexualmente lo que la madre
le negó en el plano oral. Hombres narcisistas promiscuos (vinculaciones
seudogenitales: buscan vengarse de las frustraciones orales de la madre).
c)
Desarrollo de las tendencias infantiles perverso-polimorfas, sobre todo de las
que permiten la manifestación de la agresión. En la mujer en general hay un
fracaso del amor heterosexual por la contaminación agresiva del padre y la
reactivación de la envidia del pene. Se busca solucionarlo en la promiscuidad
tratando de negar la envidia del pene y los sentimientos de culpa de las
tendencias genitales. Tendencias masoquistas por la reintroyección de la
agresión proyectada a la madre.
d) Homosexualidad por la búsqueda de la
gratificación de las necesidades orales por parte de una imagen materna
idealizada.
e) Relaciones homosexuales sadomasoquistas, por la persistencia
de las necesidades y temores derivados de la agresión oral. Las soluciones son:
homosexualidad, masoquismo y promiscuidad.
9) Breves episodios
psicóticos:
Incluyen la desrrealización y despersonalización. La suspicacia
autorreferencial y los cuadros paranoides predominan en estos episodios. Las
manifestaciones clínicas serían: trastornos paranoides, depresiones con intentos
de suicidio, episodios maníacos.
La ruptura de un vínculo simbiótico puede
terminar de diversas maneras: un acting, un episodio psicótico, uno
psicosomático, uno perverso, o la instauración de un nuevo vínculo simbiótico.
Algunos autores piensan que pueden virar hacia la salud.
10) Adaptación
social:
Si bien se habla clásicamente de una adaptación superficial, ésta no
es tal. Conviene hablar de una adecuación ante determinadas circunstancias. Hay
un espectro de posibilidades desde evitar el contacto social (borderline
esquizoides y depresivos) hasta los antisociales. En las reacciones paranoides
pueden tener conductas agresivas, pero por lo general se retraen y perjudican
las relaciones personales.
El borderline se puede presentar con dispositivos
protectores, reticencia, evasión, negación, restar importancia, el cambiar de
tema y otros métodos de disimulo, malas interpretaciones de la realidad,
preocupaciones autísticas y cosas semejantes.
La expresión de sospechas
acompañadas por disculpas o bromas indica la conservación de la función crítica
del yo respecto de la desconfianza paranoide, mientras que la suspicacia sin
trabas indica la pérdida de esta función.
Kernberg agrega las estructuras de
personalidad prepsicóticas, las neurosis impulsivas y adicciones y los
desórdenes caracterológicos de nivel inferior.
El típico borderline conserva
intactos los límites del yo y la prueba de la realidad. El déficit es de
síntesis de las imágenes contradictorias de sí mismo y de los objetos.
Las
defensas que utiliza son:
a) Represión: Hay déficit de la función represiva.
La represión tiene un doble funcionamiento: mantiene a distancia las
investiduras de objeto capaces de amenazar la organización del yo, y por otro
lado constituye un revestimiento cuya función es asegurar los límites que
procura el yo, siempre con cierto juego.
b) Escisión (splitting, clivaje): Es
un proceso activo utilizado para mantener la separación entre introyecciones e
identificaciones de calidad opuesta: son sistemas alternativamente activados e
investidos en la relación de una forma discontinua. A consecuencia de ésta hay
agresión por incapacidad de integración. Esto que es un simple defecto de
integración, sigue siendo activamente utilizado por el sujeto como modo de
enfrentarse a la difusión de la angustia y de protegerse frente a la incompletud
narcisística. En cuanto al yo, hay dos sectores: el relacionado con los objetos
que no despiertan la herida narcisística y el que funciona de un modo más
autónomo y en relación con la realidad, reactivando posiciones narcisísticas
frágiles. La función de síntesis del yo se encuentra modificada y es fluctuante,
ya que solamente el área de realidad frustrante es la que se deforma y termina
en estas deformaciones del yo.
c) Idealización primitiva: Tendencia a ver los
objetos como totalmente buenos para contar con su protección contra los objetos
malos y asegurarse que no sean dañados, contaminados o destruidos. No hay
verdadera estima, sino necesidad de protección contra los objetos peligrosos y
sirve como receptáculo de la identificación omnipotente. Esta fusión con un
objeto ideal desvanece los límites yoicos, como ocurre en la transferencia,
dando lugar a las llamadas psicosis transferenciales.
d) Identificación
proyectiva (temprana forma de proyección): Fuertes tendencias a la proyección.
El principal propósito es poner afuera las principales imágenes del si mismo
agresivo y totalmente malo, aparición de objetos peligrosos y vengativos de los
que busca protegerse.
En el área de la proyección de la agresión se debilitan
los límites yoicos y necesitan controlar el objeto para impedir el ataque. La
angustia persecutoria obliga al paciente a acentuar la idealización.
e)
Omnipotencia y desvalorización: Los pacientes suelen alternar entre la necesidad
de un relación que refleja su aferramiento y sus exigencias a un objeto mágico e
idealizado y fantasías y actividades que revelan el profundo sentimiento de
omnipotencia. No hay dependencia en el sentido de preocupación o amor. En un
plano profundo, la persona idealizada es tratada en forma despiadada y posesiva,
como una extensión del propio paciente. A raíz de esto aparecen las fantasías
omnipotentes; cuando el objeto externo ya no proporciona gratificación o
protección, lo abandona, porque no hay capacidad de amor para destruirlo
vengativamente y frustrar sus necesidades (avidez oral), para impedir que se
transforme en perseguidor.
Freud, en 1913, dice: “Muy a menudo, cuando vemos
un caso de neurosis con síntomas histéricos u obsesivos, de carácter moderado y
corta duración, surge una duda que no se debe pasar por alto acerca de si el
caso no será uno de incipiente demencia precoz, como se la denomina,
esquizofrenia según Bleuler, parafrenia según yo prefiero llamarla, y si tarde o
temprano no manifestará signos bien marcados de esta enfermedad.”
En años
recientes muchos autores, entre ellos Hoch y Polatin (1949), Stern (1945),
Miller (1940), Pious (1950), Melita Schmideberg (1947), Fenichel (1945), Helen
Deutche (1942), Setifngel (1945), han llamado la atención sobre tipos de casos
que pertenecen a la franja limítrofe del espectro psicopatológico y han hecho
observaciones sobre los problemas diagnósticos y psicoterapéuticos asociados con
estos casos.
Consideraciones finales
Al intentar hacer un diagnóstico
preciso en un paciente borderline, hay dos criterios o marcos de referencia que
se emplean a menudo y que han de usarse de una manera crítica para evitar
errores: el primero de ellos plantea la cuestión de si se ha producido una
ruptura con la realidad; el segundo es la suposición de que una sintomatología
polineurótica esconda una estructura límite.
Los borderline constituyen un
grupo de pacientes que abunda en la clínica actual, cuya presentación fenoménica
es polifacética, no obstante lo cual llegan a configurar un trastorno con
características comunes y bien delimitadas en la clínica, en los psicodinamismos
y en el devenir del proceso terapéutico.
Los obstáculos y vicisitudes de la
transferencia y la contratrasferencia constituyen un elemento de apoyo allí
donde la clínica encuentra su límite.
El presente trabajo es una tentativa de
aproximarnos al problema, en el cual quedan aún zonas de silencio que implican
la necesidad de continuar en la búsqueda, especialmente en el nivel de los
factores etiológicos y en el de los enfoques terapéuticos, que en el momento
actual transitan por la frontera de lo posible.
Bibliografía
Pulse F5
para regresar
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D. Winnicott, “La incapacidad de estar solo”, en: Revista de
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Enviado por el usuario: Nando. (Gracias)












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