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  • Esta foto me encanta. Aqui sales especialmente guapa... :)
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  • 30-1-2012 ...y aunque el tiempo ete revuelto,yo al pie del cañon.
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Diana: Bulimia en un trastorno de personalidad borderline

DIANA: BULIMIA EN UN TRASTORNO DE PERSONALIDAD BORDERLINE

 

Por: Dra. Ana María Baamonde de Trebolle

 

Médico Psiquiatra

 

Psicoanalista en Formación

 

Dirección: Av. José María vargas, Res. Ártico, piso 1, Of. 16-A,

 

Santa Fé Norte. Caracas

 

Tlfs.: Cons.:979-29-53 Cel.: 016-609-09-67.

 

e-mail: anabaamonde@hotmail.com

 

Resumen

 

Muy frecuentemente escuchamos hablar de bulimia como la enfermedad del momento, no menos

 

actual es el trastorno de personalidad borderline. En el caso que describo coexisten ambos

 

trastornos en la misma paciente.

 

Diana, su historia

 

Diana es una joven de dieciocho años de edad, la menor de tres hermanos, estudiante del último

 

año de educación media, Ser una de las mejores alumnas del colegio, le ha permitido tener acceso

 

a varias universidades para continuar estudios superiores. Es una muchacha atractiva, se viste con

 

ropa holgada que oculta su figura, sin maquillaje, alta y delgada, con una proporción peso/talla

 

adecuada, pero a pesar de ello se le dificulta exponerse al sol o dejarse ver desnuda porque se

 

siente gorda y fea.

 

Inició el tratamiento en abril de 2.000, con el siguiente motivo de consulta: “Soy bulímica, dejé la

 

terapia hace unos meses, pero quiero empezarla otra vez no estoy bien”. Había iniciado un

 

tratamiento anterior con un psiquiatra que le indicó tratamiento farmacológico: fluoxetina (20 mg

 

diarios, V.O.) y psicoterapia una vez semanal. No acudía a la terapia desde hacía seis meses

 

aproximadamente, pero continuaba con el tratamiento farmacológico.

 

Es hija de emigrantes europeos, ambos profesionales universitarios que mantienen entre si una

 

relación fría y distante. Describe a un padre ausente, pasivo, que se deja llevar por su mujer. Tiene

 

una escasa comunicación con él, y la poca que tiene es a través de la madre, quien actúa como

 

intermediario entre padre e hija. De él refiere: “yo admiraba mucho a mi papá, no me daba cuenta

 

que era mi mamá la que producía el dinero y no él, siempre tenía negocios fantasma, no entendía

 

porqué él estaba tanto tiempo en la casa y los papás de mis amigos no, él me hacía la comida y me

 

ayudaba en las tareas”.

 

Describe una relación ambivalente con la madre. De ella refiere: “es muy bonita, delgada, siempre

 

está haciendo dietas y siempre está muy arreglada, es muy inteligente, se graduó con honores, no

 

sé como sigue con mi papá, un viejo gordo y feo que no aporta mucho, siempre se está quejando

 

de él pero no lo deja, es muy exigente, todo tiene que ser perfecto, es muy difícil porque nunca está

 

conforme, yo creo que es masoquista, no sé porqué interfiere en mi relación con mi papá, ella es la

 

que manda en la casa, estuvo en tratamiento psiquiátrico hace años, ahora sigue tomando

 

pastillas, a veces llora y me hace sentir muy culpable”.

 

De sus relaciones interpersonales refiere: “Mis amigas son siempre las más bellas del colegio, casi

 

modelos, yo tengo que conformarme con ser amiga de ellas solamente, no puedo competir por los

 

mejores chicos que son los que me gustan, así que termino siendo la mejor amiga de los novios de

 

mis amigas y sintiéndome culpable porque me gustan y a veces nos pasamos de amigos, yo soy la

 

que saca las mejores notas, pero aunque esto me da vergüenza, no puedo bajar de veinte porque

 

mi mamá siempre está detrás de mí para criticarme, cuando le muestro algún trabajo me dice que

 

está bien, pero..., siendo un trabajo de veinte”.

 

Refiere una relación de pareja hace dos años con quien se inició en las relaciones sexuales, de las

 

cuales refiere: “creo que lo hice por curiosidad, pero no me gusta que me vean desnuda, en

 

comparación con mis amigas me da vergüenza mostrarme y prefiero que sea con la luz apagada o

 

hasta no tenerlas”.

 

Inicia su sintomatología alrededor de los trece años, presentando episodios de atiborramiento de

 

comida seguidos de vómitos. Llaman la atención sus rituales: vomita casi exclusivamente en su

 

casa para poder bañarse después, por el asco que le produce. Generalmente está sola, si no es

 

así, abre los grifos del baño para amortiguar el ruido y que sus padres no se den cuenta. Al

 

principio comía todo lo que había en la casa y luego vomitaba, los padres no se percataron de lo

 

que pasaba, fue ella quien le dijo a la madre que era bulímica un año después de iniciada la

 

enfermedad. Dejaron de comprar algunos alimentos o los escondían lo que le significaba que Diana

 

finalmente los encontrara, se atiborrara de ellos y vomitara, para después bañarse y sentirse

 

"miserable" y continuar con el ciclo que se repetía una a dos veces diariamente. La sintomatología

 

continúa durante tres años. Cuando finalizó el tercer año (julio de 1.999) tuvo un intento de suicidio

 

al ingerir metoclopramida y diazepam, razón por la cual la madre la lleva a una consulta con un

 

psiquiatra, quien le indica el tratamiento farmacológico y psicoterapéutico, además de someterse a

 

control por un especialista en nutrición, lo que cumple de manera irregular durante seis meses

 

aproximadamente.

 

En abril de 2.000 acude a mi consulta acompañada por la madre, presentando la sintomatología ya

 

señalada anteriormente con algunas modificaciones en los rituales los cuales había extendido al

 

colegio ocasionalmente y como en su casa ya no había alimentos, debido a que los padres optaron

 

por comprar lo necesario para cada comida, Diana tenía que disponerse a su ritual comprando

 

chocolates y otros dulces en el supermercado, descolgar el teléfono o haber avisado a sus amigos

 

que no iba a estar en casa, comer y vomitar. También presentaba conductas automutilantes, se

 

cortaba la piel de las muñecas y luego las tapaba con el uso de suéteres manga larga que dejaba

 

ver en ocasiones “como al descuido”, para llamar la atención de sus amigos y que no la dejaran

 

sola porque no tolera la soledad, recurriendo para ello a estas actuaciones o manteniendo la casa

 

llena de compañeros de estudios con los que mantiene relaciones muy cerradas y muy conflictivas.

 

Es de hacer notar que los episodios de bulimia son fluctuantes y tienden a ser más frecuentes en

 

momentos en que Diana está expuesta a un mayor tiempo de soledad, como en vacaciones o en

 

momentos de menor carga académica. Puede pasar un tiempo sin ningún episodio o donde

 

disminuyen con frecuencia, sucediendo generalmente cuando está rodeada de gente, tiene una

 

relación de pareja o mucha carga académica.

 

Aproximación diagnóstica

 

Considero que Diana cumple con los criterios del DSM-IV para el diagnóstico de bulimia nerviosa y

 

trastorno límite de la personalidad, (DSM-IV, 1.995). La CIE-10 los clasifica como bulimia nerviosa y

 

trastorno de inestabilidad emocional de la personalidad tipo límite, respectivamente, (CIE-10,

 

1.992).

 

Desde el punto de vista psicodinámico, Diana presenta un superyó poco integrado y punitivo, que

 

se corresponde con un nivel de organización de la patología del carácter, ubicado entre el nivel

 

intermedio y algunos elementos del nivel inferior, según describe Otto Kernberg (1.993).

 

Tolera las exigencias contradictorias de los núcleos superyoicos sádicos y prohibitivos por una

 

parte y, por la otra, de forma bastante primitivas del ideal del yo. Así, las demandas de grandeza,

 

poder y atractivo físico coexisten con las de estricta perfección moral, manifestándose en un

 

desvanecimiento parcial del límite entre el superyó y el yo.

 

Las variaciones en el estado de ánimo de Diana son debidas a la naturaleza primitiva de la

 

regulación del yo por parte del superyó.

 

Utiliza mecanismos de defensa que combinan formaciones reactivas contra los instintos, con una

 

parcial manifestación de los impulsos instintivos. La represión es el principal mecanismo de

 

defensa, junto con la intelectualización y la racionalización. También presenta ciertas tendencias

 

disociativas del yo, junto con mecanismos de proyección y negación.

 

Predominan las características pregenitales, sobre todo las orales. Dichas características

 

representan, en su mayor parte, una regresión desde los conflictos edípicos.

 

La incapacidad de integrar imágenes del sí-mismo y del objeto, de origen libidinal y de origen

 

agresivo, se traduce en el establecimiento de relaciones objetales de características gratificantes o

 

amenazadoras. Sus vínculos se refieren a objetos parciales, lo cual pone en evidencia que no ha

 

logrado la constancia objetal.

 

Evolución

 

Diana inició el tratamiento en abril de 2000, con una frecuencia de dos sesiones semanales, cara a

 

cara. La madre asistió a la primera entrevista, desde entonces sólo se ocupa del pago de los

 

honorarios, el cual realiza puntualmente y no ha interferido en el desarrollo del tratamiento.

 

Fue Diana quien me escogió como terapeuta a diferencia del tratamiento anterior, el cual había sido

 

decidido por la madre.

 

Dicho tratamiento consistió, en principio, de tratamiento farmacológico combinado con psicoterapia

 

psicoanalítica: El tratamiento farmacológico consistió de: Fluoxetina: 20 mg V.O., diariamente

 

desde abril hasta septiembre de 2000, cuando decidimos suspenderlo.

 

Continuamos con dos sesiones semanales de psicoterapia a las cuales la paciente asiste de

 

manera irregular, análoga a sus episodios de bulimia. Estamos en la primera etapa del tratamiento,

 

caracterizada por las continuas fluctuaciones de progresión y regresión.

 

A menudo expresó su temor a depender de mí y a no querer dejarme, como en las pasadas

 

vacaciones de verano 2.000, cuando al acercarse el momento de nuestra separación lloraba y

 

decía que no sabía que iba a hacer en ese tiempo, sus amigos se iban de viaje y ella se quedaba

 

sola en la ciudad, intentó cumplir con un cronograma de actividades vacacionales que había

 

elaborado y tenía en mente la invitación de una amiga y los padres de la misma, pero no sabía si

 

podría tolerar estar fuera de su casa durante una semana con gente extraña. Temía hacerse adicta

 

a mí, como a los episodios voracidad- vómitos.

 

Diana está viviendo una etapa de transición que le significa separaciones, duelos, resistencias y

 

logros. Está pasando de ser estudiante de educación media a superior, hecho que implica muchos

 

cambios, tanto internos como reales. Significa cambiar del colegio en el que ha estudiado siempre

 

para ingresar en la universidad. Mantiene una relación de pareja desde hace tres meses con un

 

compañero de estudios al que idealiza y descalifica constantemente, pero que le sirve de apoyo y

 

compañía para no sentirse sola.

 

Después de un año de tratamiento los episodios de bulimia han disminuido con frecuencia, no

 

refiriendo ningún episodio en los últimos dos meses. Mantiene un peso constante, no presenta

 

ninguna alteración física derivada de su trastorno alimentario, ni la presentaba al inicio del

 

tratamiento.

 

Reflexiones

 

En el tratamiento estamos entendiendo que la única vía que encontró Diana para experimentarse a

 

sí misma separada de sus objetos internos, era destruirlos a ellos a través de este ciclo compulsivo

 

de atiborramiento de comida y vómitos. Pero no sólo aniquila las relaciones con sus objetos

 

internos sino que pone en peligro de destrucción su cuerpo adolescente.

 

A través del síntoma intenta incorporar a la madre, aunque no termina de incorporarla porque la

 

expulsa al vomitar. Esta tendencia a devorar, evidencia el deseo de establecer una conexión más

 

íntima con el objeto (madre), ya que devorado éste, sigue teniendo una existencia en la persona

 

que lo ha introyectado. Se debe considerar ésta como una actitud positiva o amistosa. La segunda

 

actitud hacia el objeto, en el impulso a devorar, es negativa y hostil, surgiendo el odio. Su fin, en el

 

impulso a devorar, es exterminar brutalmente el objeto, destruir su existencia. Por lo tanto en su

 

tendencia a devorar se pueden expresar simultáneamente, como una ambivalencia, el deseo

 

amoroso de una conexión más íntima con el objeto y el impulso hostil a destruirla, como ente del

 

mundo exterior, descrito en la etapa oral del desarrollo psicosexual. (Freud, 1.933).

 

Diana ha violado un tabú, comer la carne prohibida que al incorporarla adquiere un carácter

 

contagioso, que da ocasión de eliminarlo mediante ceremonias expiatorias, al adquirir ella misma la

 

condición de prohibición, está obligada a la renuncia y a la abstinencia. “Quien ha violado un tabú,

 

por ese mismo hecho se vuelve tabú...”. Ciertos peligros que nacen de la violación de un tabú

 

pueden ser conjurados mediante acciones expiatorias y ceremonias de purificación. (Freud, 1.913).

 

Para Diana, la separación psíquica involucra ansiedades primitivas que presagian la aniquilación.

 

El trabajo analítico ha revelado que adolescentes en los que toma lugar el terror de aniquilación

 

sobre la ansiedad de separación, no han tenido relaciones adecuadas durante las fases del

 

desarrollo, los padres (sobre todo la madre) han sido invasivos y han estado presentes

 

permanentemente en las vidas de sus hijos tanto interna, como externamente. De hecho, estos

 

niños no pueden tolerar los procesos de desarrollo normales, no pueden separarse y retienen los

 

objetos paternos como parte de su mundo interno. Estos trastornos del desarrollo continúan desde

 

la infancia, produciendo un estasis en la adolescencia. (Burgner, 1.997).

 

Conclusiones

 

Diana presenta un trastorno de alimentación: Bulimia nerviosa y un trastorno borderline de la

 

personalidad, los cuales se asocian frecuentemente, debido en parte, a que se superponen criterios

 

diagnósticos (como atiborramiento de comida), pero también porque es frecuente observar un

 

aumento de la tasa de trastorno de personalidad borderline en mujeres con bulimia nerviosa.

 

Se han hecho estudios comparativos en mujeres bulímicas con y sin trastorno de personalidad

 

borderline durante un año. Las pacientes bulímicas sin trastorno de personalidad borderline

 

obtuvieron una mayor tasa de recuperación (47%) en relación con pacientes bulímicas con

 

trastorno de personalidad borderline (10%). Permanecieron sin mejoría (24%) o empeoraron (19%)

 

de pacientes que presentaban bulimia con trastorno de personalidad borderline, mientras que las

 

pacientes que presentaban bulimia sin trastorno de personalidad borderline, permanecieron sin

 

mejoría (5%) y empeoraron (1%). El 62% del grupo de mujeres bulímicas con trastorno de

 

personalidad borderline continuó reuniendo criterios para bulimia según el DSM-IV comparado con

 

el 21% del grupo sin trastorno de personalidad borderline. (American Journal of Psychiatry, 1.997).

 

El impacto de la terapia depende de la presencia o ausencia de trastorno de personalidad

 

borderline. Las mujeres bulímicas sin trastorno de personalidad borderline tenían un tratamiento

 

psicoterapéutico más corto.(American Journal of Psychiatry, 1.997).

 

Hay una peor evolución en pacientes bulímicas con trastornos en el Axis II del DSM-IV,

 

especialmente trastorno de personalidad borderline además de trastornos en el Axis I, como

 

depresión y abuso de sustancias. (American Journal of Psichiatry, 1.997).

 

El tratamiento de bulimia debe ser multidisciplinario, debe incluir asesoramiento nutricional,

 

tratamiento médico de cualquier enfermedad física de base, tratamiento farmacológico y

 

psicoterapéutico.(American Journal f Psychiatry, 2.000).

 

Aunque la mayoría de los pacientes límite logran mejor resultado con la psicoterapia psicoanalítica

 

modificada, hay algunos que pueden analizarse sin modificaciones de la técnica clásica. Además

 

del potencial para un “acting out” grave inicial y del grado de un yo observador, quizás los criterios

 

más importantes para saber si un paciente límite puede ser analizado son: primero, el nivel al que

 

existe cierta integración del superyó, de modo que el paciente presente sólo tendencias

 

antisociales muy limitadas y, segundo, el grado al que las relaciones objetales han evolucionado de

 

modo que, cuando menos, algunas transferencias neuróticas avanzadas estén disponibles. (

 

Kernberg, 1.987).

 

El tratamiento del trastorno de personalidad borderline de orientación psicoanalítica debe ser

 

estructurado. La tendencia actual es la de programar sesiones cara a cara, dos a tres veces por

 

semana. En la fase inicial se debe atender a problemas de la historia médica que pueden requerir

 

atención inmediata, además de la que requiere la actitud abierta y de destinada a sabotear toda

 

posibilidad de continuación del tratamiento. Por largo tiempo el terapeuta deberá aceptar la

 

situación sin pretender modificaciones de fondo sólo posibles después de mucho trabajo. Sin

 

embargo, se podrá dedicar esfuerzos a la discusión de tales situaciones, sus motivaciones y

 

propósitos, o al menos, las consecuencias previsibles que atentarían contra los fines conscientes y

 

deseados por el mismo paciente.

 

Establecer un balance durante el tratamiento, entre la presión necesaria, suficiente y tolerable, y la

 

seguridad suficiente, tranquilizadora y consoladora en la relación, es “el arte” de saber conducir un

 

tratamiento. Este balance implica que en ocasiones el terapeuta sea acompañante, aliado

 

aceptador y hasta cómplice secreto de las fantasías gratificantes del sujeto. Las estructuras

 

narcisistas que frecuentemente presentan los pacientes borderline no pueden ser abolidas ni

 

atacadas sin crear serios desmoronamientos, iatrogénicos y por lo general poco previsible. En los

 

momentos de seguridad en el entorno terapéutico, el terapeuta apoyado en el nivel de funciones

 

yoicas presentes al momento, podrá dirigirse al trabajo propiamente analítico (en sentido clásico)

 

de los conflictos. Así, podrá señalar las resistencias, estudiar con el paciente el propósito y

 

modalidad de las mismas, la estructura global del conflicto, los impulsos, defensas y

 

consideraciones realistas, las percepciones de errores y aciertos en el propio trabajo terapéutico,

 

etc. (Ruiz Manresa, 2.000).

 

Bibliografía

 

1. AMERICAN PSYCHIATRIC ASSOCIATION, (2.000). “Practice Guideline for the Treatment of

 

Patients With Eating Disorders (Revision)”. En: The American Journal of Psychiatry 157:1,

 

January 2.000 Supplement.

 

2. BURGNER, M. (1.997). “Analytic treatment of an adolescent with bulimia nervosa”. En: Female

 

experience. London. Routledge. Pp. 93-104.

 

3. CIE-10. (1.992). Trastornos mentales y del comportamiento. Madrid. Meditor. Pp. 221, 253.

 

4. DSM-IV. Breviario. Criterios diagnósticos. Barcelona. Masson. Pp. 256, 288.

 

5. FREUD, S. (1.913). “Tótem y tabú. II. El tabú y la ambivalencia de las mociones de

 

sentimiento”. En: Obras Completas. Buenos Aires. Amorrortu editores. Séptima reimpresión.

 

Tomo XIII. Pp. 28-30.

 

6. FREUD, S. (1.933-32). “Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis. 32 Conferencia.

 

Angustia y vida pulsional. En: Obras Completas. Buenos Aires. Amorrortu editores. Séptima

 

reimpresión. Tomo XXII. Pp. 91-92.

 

7. KEEL, P. ,A.B., MITCHELL, J. (1.996). “Outcome in Bulimia Nervosa”. En: The American

 

Journal of Psychiatry 154:3, March 1.997. Pp. 313-321.

 

8. KERNBERG, O. (1.987). Trastornos Graves de la Personalidad: Estrategias Terapéuticas.

 

México. Editorial El Mundo Moderno. Pp. 143-158.

 

9. KERNBERG, O. (1.993). La Teoría de las Relaciones Objetales y el Psicoanálisis Clínico.

 

México. Editorial Paidós Mexicana. Pp. 115-130.

 

10. RUIZ MANRESA, F. (2.000). El difícil caso de los pacientes Borderline. En:

 

http://caibco.ucv.ve/vitae/VitaeUno/Articulos/Psiquiatria/vitae.htm

 

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