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Blog de la Comunidad de soyborderline.com Trastorno Límite y Trastorno Bipolar
Alfredo y la princesa misteriosa.
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Alfredo era un hombre de campo, rudo, de mirada inexpresiva, de pocas y secas
palabras. Vivía solo en una masía que heredo de sus padres, Gertrudis y Alfredo.
La masía tenía un generoso terreno, estaba situada a unos cuatro kilómetros del
pueblo el cual se accedía por un camino que pasaba por sus caampos, los días
de calma, a lo lejos, se podían escuchar las campanas de la iglesia.
Tenía un corral donde criaba gallinas y conejos, también tenia un establo para
el mulo, el carro lo solía guardar en el corral. Cultivaba verduras, hortalizas y
alfalfa para el mulo.
Vivía de eso y de lo que sacaba vendiendo los productos sobrantes ya que solía
ir con su carro cargado a la plaza del pueblo los días de mercado.
De niño iba cada día ordinario al colegio del pueblo pero cuando supo leer,
escribir y hacer algunas cuentas su padre lo saco para que lo ayudara con las
tareas del campo. A Alfredo esto no le disgusto porque más le disgustaba las
burlas que los compañeros de colegio le hacían, se burlaban de el gritándole:
cara de pez!!!.
Algunos días cuando terminaba el mercado solía ir a la cantina a beber un trago
de vino y ver a los conocidos, entrando un día en la cantina vio a unos conocidos
suyos que viéndole entrar pararon su griterío y sin que el quisiese escuchó: ya
esta aquí el ballena!!!.
Alfredo ya tenía definida la clase de pescado que era. Alfredo estaba gordo ya
que comía en exceso para calmar la ansiedad que tenía debida a la soledad.
Llego el día de la verbena de san Juan y Alfredo decidió ir al pueblo a celebrar
la fiesta, se vistió con su mejor traje y sobre las cinco de la tarde tomó el
camino, llego al pueblo sobre las seis y se metió en la cantina, allí estaban
sus conocidos, entre vino y anís la cosa se animó hablaban de los viejos tiempos
y del pelo de alguno que se le clareaban las ideas.
Cuando el campanario toco las nueve salieron todos dirección a la plaza, allí
en medio estaba la hoguera, ese año el ninot que la culminaba representaba a
un pescador, se instalaron alrededor de ella, sobre las nueve y media cuatro
personas con antorchas prendieron fuego a la base al unisono,la hogera empezó
a arder, todas personas que estaban allí la miraban sin poder apartar la vista,
como hechizados, no paso mucho rato que los que estaban en primera fila
tuvieron que retroceder unos pasos, Alfredo era uno de ellos, sentía el calor
en su cuerpo y cara vibrando al compás de las llamas, todos estaban
espectantes viendo como las llamas consumían el ninot, en ese momento
Alfredo miro a su alrededor y vio algunas parejas de novios que estaban
abrazados, Alfredo se quiso morir de la envidia, mirando a la hoguera desde lo
más profundo de su ser y con toda la convicción del mundo formuló un deseo.
Era primavera, por la noche había llovido y por la mañana el viento había soplado
fuerte pero eran las doce y el viento ya se había calmado, Alfredo, aprovechando
que la tierra estaba mojada salió a quitar las malas yerbas, era un día radiante,
Alfredo se fijó que el azul del cielo era intenso y profundo también llamó su
atención las flores silvestres que había en los bordes del camino, las amapolas,
las margaritas y otras flores amarillas lucían radiantes como nunca, su corazón
se llenó de alegría.
Continuó con su trabajo y al rato observó que por el camino se acercaba una
persona por el camino, continuó con su trabajo esperando que estuviera mas
cerca para ver quien era, giró la vista y vio que era una mujer que se acercaba
caminando esbeltamente, el continuó con su azadón esperando con curiosidad
a que la mujer pasase de largo para ver quién era ya que el no solía saludar si
no le saludaban, esperó a escuchar sus pisadas y como no las oyó esperó
un ratito, como calculando la distancia y velocidad para levantarse, se incorporó
y giró el cuerpo, se quedó sorprendido, aquella mujer estaba allí plantada
mirándole, la observo y se dio cuenta que aquella mujer era el ser más bonito y
precioso que nunca había visto, estaba paralizado mirando sus grandes ojos
negros, se le fueron las fuerzas, se le cayó el azadón de la mano, estaba como
hipnotizado mirando a sus ojos, ella también miraba los suyos, estuvieron así
un rato, después ella sin apartar la vista de sus ojos se acerco a su lado y se
detuvo, después de un momento ella alzó su brazo derecho y empezó a
acariciar su pelo con todo el cariño del mundo, el sintió una sensación que
nunca había sentido, se sintió tan bien que sus ojos comenzaron a soltar
lágrimas, ella levantó el brazo izquierdo y comenzó a rodear su espalda, sin dejar
de acariciarlo empujó su cuerpo y dobló la cabeza de Alfredo con delicadeza,
estaban tan juntos que se podían escuchar sus respiraciones aceleradas,
entonces ella cerró sus ojos, sus labios buscaron los de Alfredo y allí lo besó,
En unas milésimas de segundo Alfredo aprendió por instinto el arte del beso
apasionado, estuvieron besándose unos minutos, Alfredo tenía el cuerpo
paralizado y los brazos caídos, entonces ella se separó y sin dejar de mirar los
ojos de Alfredo dio un paso atrás, se quedó unos segundos mirando, se giró y
marchó, Alfredo comenzó a llorar con suspiros rápidos, se quedo allí parado
sin saber que hacer durante algunos minutos asta que la perdió de vista,
después se seco las lágrimas y se marcho a la masía, subió las escaleras y se
metió en la cama, su cuerpo estaba debilitado y en su mente reinaba una
confusión tremenda pensando el porque y el como de aquel único y
trascendental suceso.
Se quedó tan abrumado que pasó el resto del día en la cama, por la noche
tampoco pudo dormir. A la mañana siguiente se levantó de la cama pero no
se lavo pues todavía podía oler la fragancia de aquella mujer, salió y fue al
lugar del encuentro, allí estaba su azadón, espero asta las cuatro pero aquella
mujer no apareció, regresó a la masía pero ya no era el mismo, con aquél
suceso Alfredo supo por fin lo que es tener confianza en uno mismo, desde
aquél suceso la vida de Alfredo dio un giro de ciento ochenta grados.
Estuvo un mes yendo a la misma y al mismo lugar, había días que esperaba
más de dos horas, dándose cuenta al final que aquella mujer no aparecería y si
apareciera ya se daría cuenta, retomo sus tareas pues las tenía algo
descuidadas.
Estaba un día vendiendo en la plaza cuando vino una cliente habitual a comprarle
un poco de verdura y huevos, era Elena, una solterona que vivía en una casa del
pueblo una calle más arriba con su madre, Alfredo sin pensárselo le tiró los tejos
delicadamente, Elena lejos de poner una cara de sorpresa puso una cara de
una niña pequeña a la que regalan un regalo hace tiempo esperado.
Desde aquél día los dos entablaron una relación de sincera amistad, a Alfredo se
le hacían largos los días, esperaba con ilusión el día de mercado y después de
un año decidieron casarse, Elena y su madre se trasladaron a la masía, los tres
vivían en armonía. No pasaba un día en que Alfredo recibía de Elena el cariño que
por tanto tiempo le había sido denegado y tanto necesitaba, Alfredo también le
correspondía y al año nació su hijo, le llamaron Juan, al año y medio nació su
hija, le llamaron Esperanza, sus hijos recibieron el cariño de su madre y Alfredo
les dio el cariño que el no tuvo. Elena no era muy bonita pero fue la mejor madre
y mujer del mundo. De la extraña princesa nunca mas se supo.
El mulo que acompañaba a Alfredo se llamaba Lucero.



