Soyborderline Blogger
Blog de la Comunidad de soyborderline.com Trastorno Límite y Trastorno Bipolar
Alvaro
- Hits: 827
- Suscribirse
- Imprimir
Quería escribirte esta carta hace mucho tiempo, pero enviártela... jamás. Cualquier cosa menos perturbar tu vida de ahora, tu vida feliz, con tu linda esposa y tus hermosos hijos allá donde estás, tan lejos de mi, al otro lado del mundo, literalmente.
En días como hoy... tantos días, sólo te extraño profundamente. Con ciertos olores, sonidos o canciones parece que el tiempo no hubiera pasado y que yo pudiera encontrarte en el escritorio de tu oficina o en la puerta del Hostal donde trabajabas. Pero ya no, ya nisiquiera tiene el mismo nombre ni los mismos dueños.
Llegaste de la forma más inesperada en mi vida, apareciste y solamente para ayudarme a crecer. Viste en lo más profundo de mi, y aunque lo que veías era horroroso a veces, nunca te fuiste.
Estuviste ahí, abrazándome y escuchándome, aunque lo único que yo hice al principio fue hablarte de mis tristezas. Entendiste y respetaste mis miedos más profundos. Respetaste mi ser de mujer, siempre.
Estuviste ahí cuando tuve miedo, cuando estaba perdida en la soledad y el dolor. Encontraste siempre un tiempo para estar a mi lado aunque vivieras lejos, aunque tuvieras que trabajar, aunque tuvieras que cumplir con muchas obligaciones más importantes que yo, y aunque nisiquiera fueramos nada, aun.
Estuviste ahí cuando llegó mi segunda gatita y la bañamos. Estuviste ahí para ayudarme a cuidar de los perritos del parque, para bañarlos y alimentarlos. Estuviste ahí cuando encontramos el cuerpo inerte de uno de ellos y yo no podía del sufrimiento, tu lo cargaste y lo sacaste de la calle.
Estuviste ahí para acompañarme cuando quise intentar vender las cosas que hacía, me acompañaste en días de sol y de lluvia, cargando paquetes y apoyando con tu presencia a esta mujer tímida que más que mujer siempre parecía una niña asustada del mundo.
Estuviste ahí para construir momentos de las cosas simples, cuando subíamos el colchón al techo para ver el cielo.
Estuviste ahí cuando me cambié de casa, me ayudaste a desprenderme de mis primeros recuerdos, a cargar mis cosas, a colocar las cortinas, a organizar un poco mi caótica vida.
Y aunque esa tonta obsesión mía seguía siempre presente y comenzaba a molestarte, a dolerte, permaneciste a mi lado, incondicional y amoroso.
Estuviste ahí cuando me sentía enferma, me preparabas un té y me abrazabas y me hacías reir.
Estuviste ahí cuando buscaba quien me haga mis primeros tatuajes, y me cuidaste cuanto pudiste para que sanaran.
Estuviste ahí cuando te deje, más de una vez, y sin poder estar sin ti volvía a buscarte y tu me aceptabas sin reproches.
Estuviste ahí cuando angustiada busque por todas partes a mi gata perdida, me acompañaste, me consolaste, me tuviste paciencia, y apareció.
Estuviste ahí para confiar en mi y darme el regalo más lindo del mundo cuando me confiaste a los gatitos que nacieron en tu casa para que les buscara hogares. Y nuevamente me tuviste paciencia cuando me quedé con dos, aunque parecia una locura llenarme de gatos, pero igual sabías que eso me hacía bien. Amabas mi forma de amar a los animalitos, me amabas realmente a mi, por mi.
Estuviste ahí para quererme y hacerme sentir bonita aunque mi cara fuera un desastre con las cicatrices del acné, mis complejos y mi descuidada forma de vestir. Me hiciste sentir mujer por primera vez y de verdad, aunque no fuiste el primero, pero fuiste el primero que realmente me hizo el amor.
Estuviste ahí en las noches de frío, cuando nos preparabas algo de comer y te acurrucabas junto a mi para ver una película.
Estuviste ahí para siempre creer que yo podía lograr lo que me propusiera.
Estuviste ahí para seguir construyendo momentos simples, caminar, mirar casas que nos gustaban por el barrio y soñar.
Estuviste ahí para pedirme perdón la única vez que pensaste que me heriste, cuando peleaste con un amigo en la pizzería donde yo trabajaba y tu le rompiste la nariz... y nunca más bebiste tanto.
Estuviste ahí para abrazarme y levantarme de la cama cuando caía en depresión y sólo quería morir.
Estuviste ahí para darme ánimos y fuerzas cuando perdí el semestre en la universidad y no tenía cabeza para terminar mi tésis y odiaba esa carrera.
Estuviste ahí, para aceptar el hecho de que un día yo decidí dejarte para siempre... y aún así, quisiste seguir siendo mi amigo, aunque eso te lastimaba y yo fui tan egoísta.
Estuviste ahí cuando me sentía sola y salíamos a caminar por ahí y conversar.
Estuviste ahí cuando te quedaste en mi casa y no te permití estar conmigo en la cama, y te traté mal, y lloraba sin razón... y tu me consolaste.
Estuviste ahí cuando presenté mi trabajo de la universidad aunque yo te había quitado todas las esperanzas de volver, y aún así apoyándome.
Estuviste ahí para acompañarme a buscar una nueva casa, otra vez.
Y así fue que estuviste en tantas cosas, en tantos momentos, en tantos detalles grandes y pequeños... con tu buen humor, tu incomparable inteligencia, tolerancia, madurez, cariño.
Hasta que un día... ya no estuviste más. Cuando yo te herí demasiado para pretender que lo soportaras, por mis tontos complejos y mis miedos, mis obsesiones. Y te perdí para siempre. Alguien más inteligente que yo te encontró y te llevó lejos.
A veces pienso que todo lo que sufrí después fue un castigo bien merecido por haber sido tan ciega, tan idiota. Todo lo que deseaba estaba ahí ante mis ojos, en tu amor y en tu luz, y yo solamente vi la oscuridad.
No hay día en que no te extrañe y que a veces te imagine por la calle.
No hay día en que no me arrepienta de no haberte dicho otra vez TE AMO en lugar de... quiero estar sola.
No hay día en que no me arrepienta de no haberte suplicado que te quedes a mi lado para siempre.
Qué no daría yo porque mi hijo fuera tuyo... y haber sido yo la que formara una hermosa familia contigo.
Tal vez fue mejor para ti alejarte de mi para poder ser feliz.
Pero no hay día en que no te extrañe.



