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Blog de la Comunidad de soyborderline.com Trastorno Límite y Trastorno Bipolar
implosión
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Llegó un momento en la vida de A, en el que las voces ajenas le provocaban verdadera dentera, como si las sílabas sonantes fueran uñas en una pizarra. Como un cuchillo que corta un plato, sus propios pensamientos también, se fueron convirtiendo en torturadores expertos en hallar el dolor más profundo y duradero. No era de extrañar pues, que lo único que de verdad ansiaba era el hecho de permanecer dormido, casi en un estado inconsciente, sin sueños ni visiones extrañas. Intentaba no obstante, no pensar, no escuchar, no sentir. Pero le era imposible. Se sorprendía así mismo, cuando caía en la cuenta de las muchas contradicciones mundanas, sobre todo la de el. Notaba que la soledad le rodeaba como una órbita, con la misma trayectoria circular, bajo la influencia de una fuerza centrípeta. Y sin embargo, rehuia ya del contacto…tenía ganas de vomitarlo todo y a la vez no podía. La voces y la grima, los pensamientos en espiral que se tachaban a sí mismos de tanto girar, las tardes de invierno cuando el sol tenía prisa, los mismos errores y las mismas situaciones, el telediario anunciando una masare en Gaza seguido del estreno de la nueva película de Tom Cruise, las escaleras mecánicas del metro y las caras vacías en los vagones. Algo o alguien, había arrancado del universo todo lo limpio, y nada o nadie parecía capaz de depurarlo.Como en la novela de Marguerite Duras, A sabía, que muy pronto en su vida, ya era demasiado tarde. A sus veintidós años, ya era demasiado tarde.



