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Blog de la Comunidad de soyborderline.com Trastorno Límite y Trastorno Bipolar
borrador de un relato
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Desperté con dolor en el costado, sobre los tablones húmedos de una vieja cabaña desconocida, sin recuerdos y sin historia. Después de un momento de duda, me levanté y me toqué el hombro, fresco de heridas, rojo de sangre. El mundo comenzó al notar el murmullo de los pájaros en el bosque: la ventana me reveló la naturaleza. Cuando di el primer paso me descubrí desnudo, con el cuerpo casi descarnado, opaco y triste. Sobre el suelo la sangre seca era como un mapa de lo que había olvidado o de lo que creí vivido. Sea lo que fuere, detrás de sus formas sólo hallé el silencio que subyace bajo todas las cosas: cualquier significado me estaba necesariamente vedado. Afuera, sobre una banca de piedra encontré dispuestas en fila algunas ropas que me sirvieron para protegerme del frío y la humedad que trasudaba la neblina. Recuerdo haber visto un par de ojos amarillos entre la blancura que me rodeaba, luego una silueta negra que como un ágil felino se deslizó tenazmente para perderse entre los matorrales escuchados: frush, frush. En el momento fue la única cosa que me turbó: aún no había sentido la necesidad de cuestionarme todo. Esa presencia ajena se me quedó grabada en la memoria, como si hubiera descubierto una forma improbable en las dunas de un desierto, e hice de los siguientes días que transcurrí en aquel sitio un deber de su olvido.
Mi memoria es confusa, al no haber tenido o no haber notado pautas significativas que marcaran una diferencia en el transcurso del tiempo mi consciencia del presente era escarsa: lo vivía directamente, sin momentos que recordar o que imaginar. Los pájaros habían devenido en murmullo constante, detrás de ellos había sólo silencio y manchas de sangre. También éstas devinieron no más que una parte de la casa. Es por ello que el orden de las cosas en el tiempo pareció reflejar el orden de cierta forma estático de los objetos en el espacio. Qué podía importar si un día una rama de cierto árbol estaba alicaída y al otro, o antes, había tomado una postura diferente?
Todo seguía siendo lo mismo en sustancia, el movimiento era acorde a la constante sucesión de sol y luna y nada nuevo aparecía detrás de la neblina. Y sin embargo, importó: no recuerdo el orden de lo que sucedió, tal vez no tenga importancia, seguramente no la tuvo esos pocos o muchos días, pero aprendí a distinguir el sueño de los árboles y leí su estado de vigilia. Sobre las hojas húmedas del suelo, con una rama que abatí de un roble generoso inventé una forma de escritura. No supe por qué lo hice, ni cuál fue el proceso que me llevó a ello, pero...



