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Blog de la Comunidad de soyborderline.com Trastorno Límite y Trastorno Bipolar
De Susurros y Gritos
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Parecía calmo, sereno pero en cuanto sus miradas se cruzaron supo que algo no estaba bien. Atisbo un brillo fugaz que advertía peligro. Se puso en guardia.
Ella decidió preparar algo para comer, para alargar el tiempo. No se dio cuenta que él la siguió a la cocina hasta que se encontró con una mano sobre su hombro. Algo helado recorrió su cuerpo, despacio. Fue consiente de cada movimiento, incluso de su respiración pero no se atrevió a girarse. El empezó a hablar:
La amaba. No podía pasar otro día más sin estar junto a ella. La necesitaba tanto que le dolía. Quería que fuese suya, totalmente y para siempre repetía. Pero ella era mala, no lo entendía. Ella no sabia lo que era amar. Un monstruo sin sentimientos se escondía detrás de la fachada de inocencia y juventud que todos veían, solo él la conocía. Y la amaba. Y ella iba a amarlo a él.
la presión de su mano contra el hombro de ella iba aumentando, al mismo tiempo que su voz adquiría un tono histérico con dejes de desaparición. Ella pensó que le iba a quedar un moretón. Otro más.
El enojo corrió por su cuerpo y con un movimiento firme se deshizo de su mano. Le pidió que se fuera. Un golpe voló por el aire y termino aterrizando sobre su mejilla. Quizá abrazarla para disculparse pero ella ya había corrido al baño. Cerro la puerta. La puerta de madera con un vitral traído de Turquía. Único vestigio de la sangre oriental que corría por sus venas. Representaba una escena de mahoma en la Meca.
Pasaba el tiempo, los separaba esa puerta de cristal. Susurros de amor que iban alternándose con gritos violentos. con golpes contra la pared y la puerta. Ninguno obtenía más respuesta que un sepulcral silencio.
Ella arropada contra la puerta empezó a dormirse, efecto de su medicación. Del otro lado, una mente enferma maquinaba, esperaba.
Ella pensaba que cuando se calme, encontraría la forma de sacarlo sin problemas, hasta entonces solo quedaba esperar. Tras horas, minutos o segundos da igual la tormenta se desato.
Sin aviso sobre su cabeza se desplomaron una lluvia de cristales. Vio con horror como una mano ensangrentada buscaba a tientas la perilla de la puerta.
La puerta se abrió y su cuerpo recostado contra ella se corrió. El entro, arrodillado junto a ella tomo su cabeza con las manos y la abrazo. Ella sentía arcadas, el olor a oxido de la sangre de las manos de él empapaban su rostro. Sus besos la llenaban de saliva y el sabor a sangre pronto se encontró en su boca. Quería llorar pero a la vez no sentía nada. Tenia ganas de abandonarse y dejar que el hiciese lo que quisiera con ella.
La desvistió, pero al ver que ella no respondía ni se rehusaba se derrumbo. De sus ojos brotaron lágrimas y las contorsiones de su rostro al llorar lo hacían ver deforme. Qué patético es, marica y feo, se preguntaba qué le pudo haber visto. Su mirada lo decía todo. El vio todo eso reflejado en su rostro, y una cachetada termino con aquella burlona superioridad.
continuará... o espero que no.



