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Blog de la Comunidad de soyborderline.com Trastorno Límite y Trastorno Bipolar
El miedo de vivir
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"El miedo a vivir y morir", cómo decía en un libro sobre la depresión.
Es un miedo general, constante, que toma forma de diferentes cosas y a veces se vuelve más intenso.
En los "días buenos"... que a lo mucho llegan a ser 2 semanas seguidas con un par de bajones menores... siento que puedo levantar vuelo, subir la escalera, peldaño a peldaño, aunque sea lentamente. Odio salir, pero lo tolero y hasta lo disfruto a veces. Comienzo a hacer lo que tengo que hacer... cuidar de mi y de los que dependen de mi. Me ducho, me peino, lavo mi ropa, salgo a caminar con mi hijo, baño al perro, cepillo a la gata, organizo mi cuarto un poco, a veces hasta cocino e intento iniciar algo que me pueda dar ganancias económicas.
Hasta que vuelvo a caer.
En los días malos se me hace todo más insoportable. Salgo con mis perros y siento las miradas de la gente en la calle como puñales en mi pecho. Sólo deseo que nadie me mire, que nadie se de cuenta de que estoy ahí, de que existo. Mi perra empieza a ladrar, mi otro perro me también y todos me miran. Me frustro. Pienso en qué momento me gritarán, me insultarán, me dirán que no ensucie la calle o que van a denunciarme por tener perros agresivos. Pienso en qué momento alguien me molestará y no sabré qué decir para defenderme. De forma irracional siento hasta odio por la gente... por el simple hecho de existir, de estar en la calle atravesándose en mi camino. Si me topo con algun vecino me cruzo a la vereda de enfrente... no me gusta saludar con nadie. En el fondo sé, que pase lo que pase... me harán daño.
Tengo miedo.
El mejor día es el domingo... cuando salimos a la calle y todo está cerrado, y las calles están desiertas. Esos días hasta me atrevo a ir por calles nuevas. Esos días, no vamos al parque, porque está repleto. Gente, mucha gente, demasiada gente, pelotas, niños, basura, comida ambulante, música estridente, bicicletas, perros que se acercan corriendo... lindos, pero el problema no son ellos... sino sus dueños que llegan detrás.
Y el mejor momento... la noche... cuando acuesto a mi hijo y todo queda en silencio y puedo solamente recostar mi cabeza en la almohada... acurrucarme con mis gatos... leer o mirar tv... sin que nadie me mire.



