Soyborderline Blogger
Blog de la Comunidad de soyborderline.com Trastorno Límite y Trastorno Bipolar
¿Dónde están las lágrimas?
- Hits: 427
- Suscribirse
- Imprimir
A veces los terapeutas no me toman en serio porque, hablando de cosas serias -cuando no traumáticas-, de vez en cuando se me escapan risitas tontas. No puedo evitarlo, me pasa mucho cuando estoy nerviosa, pero no sé si ellos lo entienden.
He estado en terapias de grupo, y no faltaban las lágrimas. No me molestan pero me dejan... paralizada. No sé cómo reaccionar. Algunas amigas-conocidas se han desahogado conmigo y las he escuchado y consolado lo mejor que he sabido. He enjugado sus lágrimas, y las he envidiado.
Hace años que no puedo llorar en condiciones. Quiero hacerlo, pero no consigo sacarlo de dentro. Me quedo con ese nudo en la garganta, los ojos irritados, el pecho oprimido... pero no sale nada. ¿Estaré seca por dentro?
A los cinco años, aproximadamente, parece ser que yo era bastante revoltosa. Mi madre siempre estaba mal, enferma, con dolores de cabeza, y no quería que le dieran mucho la lata. Así que cuando me regañaba o yo hacía algo malo y me ponía a llorar, había una técnica infalible para no tener que soportarme: me enviaba a mi habitación, me obligaba a bajar las persianas y me quedaba allí a oscuras, llorando sola, sentada en su silloncito de mimbre que se ganó a pulso el apodo de "sillón de llorar". Cuando terminaba, subía las persianas, salía, me lavaba la cara y ya está, no había pasado nada.
La táctica fue de lo más efectiva. Aprendí inconscientemente que llorar es de débiles, que hay que ocultarse, y que jamás hay que esperar un gesto de consuelo o cariño.
Mucho tiempo después, en una relación tormentosa -de las que suelo tener-, lo pasé realmente mal, y volvieron las lágrimas. Y con ellas volvieron los gestos de disgusto. Se me acusaba de llorar para llamar la atención, de ser una chiquilla, de qué sé yo... Y otra vez un paso atrás.
No sé dónde estarán ahora, pero hace mucho que no sé de ellas, y realmente las necesito. Como desahogo, como catarsis, como forma de echar fuera un poco de esta frustración. Pero no puedo. Me han enseñado tan tan bien... como a un puto perro de Pavlov.



