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Blog de la Comunidad de soyborderline.com Trastorno Límite y Trastorno Bipolar
La vida según un ebrio
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Amo la realidad cuando en ella puedo ver un pequeño momento de eternidad: dos partes de ella se tocan, el deseo, la imaginación y lo material. Odio todo aquello que no es material y que se fundamenta sólo en las ideas y sentimientos cuando no son más que una visión alterada y cursi de lo que vivimos. A final de cuentas, lo eterno es eterno sólo relativamente, sólo en cuanto a la universalidad humana, a la experiencia de todos nosotros más allá de la historia de cada quién, pero dentro de la vida biológica humana.
No hay nada más que esta vida, al menos yo lo pienso así. Me odio, sin embargo, por no poder vivirla, por no poder darle más importancia que a mi fantasia y por no poder simbolizar los fantasmas. Todo se queda en la nebulosa fantasía reducida a tapadera de mi insatisfacción.
Mis sueños son sólo opio, no son material de construcción. Imagino, siento la música con los ojos cerrados, aprecio el paisaje del otoño con los ojos abiertos, observo, siento, siento, siento, pero la contemplación termina siendo cómplice de un expectador atemorizado y cobarde, que no se implica, y quién no toma posición, que siempre termina fuera del juego.
La cesación contemplativa de la individualidad es una idea budhista que me repugna, que creo contradictoria a la naturaleza del ser humano. Si nadie deseara nada, tanto valdría la muerte, que es la cesación del ego. La vida y la estructura de la realidad, sin embargo, son una trampa, o me parecen tal, de la cuál no se puede escapar, pero es inútil concebir la muerte como una liberación, así como intentar llegar a ella en vida.
Lo único que me parece una opción válida es un cambio de coordenadas del juego que no me siento capaz de experimentar. La pasión la vivo como algo aterrador, pero sin ella, hay sólo nada.



