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Blog de la Comunidad de soyborderline.com Trastorno Límite y Trastorno Bipolar
L&C
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Dicen que las historias siempre se escriben sabiendo el final. Quizás sea verdad, pero entonces, este es un final abierto...
C: Eres un niñata!
L: Dices eso porque no me conoces.
C: Lo sé, pero puedo verlo.
L: Oye, yo creo que no lo soy, pero quizás, cuando me conozcas creas que soy más niñata que todas las chicas a las que has conocido...
C: ¿Quién dice que quiero conocerte?...
Carlos tenía razón.
La actitud de Luna era la de una niña, una niña mimada... con la mirada perdida, perdida en el odio hacia una familia que jamás creyó suya.
Todo a su alrededor era perfecto, vivía en una casita de muñecas, con una familia que cada día se demostraba todo lo que se quería , pero que ella sentía tan solo como un grupo de desconocidos que solo se preocupaban por sobrevivir.
Esa frase la dejó fría, pero su curiosidad la obligaba a seguir a su lado, esa curiosidad voraz que Luna tenía hacia lo desconocido. O tal vez sí, se estaba enamorando, enamorándose como siempre de lo que no tenía y, que además, sabía que no iba a tener.
Carlos era raro, o como ella prefería llamarle, único. Siempre pensaba tres veces por delante de la jugada, como en el ajedrez, y eso le hacía fascinante.
"No seas malcriada", "Pórtate bien", "Estudia", "Si sigues así nunca serás nada..."
Realmente esas frases la frustraban, Luna odiaba que le dijeran lo que tenía, o podía hacer. No entendía porque a sus 17 años aún la gente creía que pensaba como una niña, porque ya no era así.
Toda su vida había vivido rodeada de gente adulta, siguiendo sus pasos y comportándose como tal, pero ya estaba cansada, cansada de hacer siempre lo que estaba bien, de estudiar para no decepcionar a nadie, aunque en verdad, ella nunca hubiera dejado el colegio, tenía muy claro su objetivo y hasta dónde quería llegar.
Odiaba su vida, era todo monotonía y a estas alturas ya no podía hacer nada para remediarlo, estaba cansada, muy cansada. No soportaba las clases, los profesores, los mismos compañeros de clase con esas conductas tan "aniñadas", pero no le quedaba de otra, tenía que aguantar, aguantar y esperar, como siempre lo había hecho.
Tenía la esperanza de que solo fuera por un año, porque esperaba que al cumplir la mayoría de edad su vida cambiará, aunque en el fondo sabía que no serviría de nada, pues la monotonía continuaría siendo la misma.



