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Luccano, Caronte y Las Musas

Escrito por Poeta Maldito
Poeta Maldito
Obscured by clouds
El usuario no esta conectado
en Viernes, 30 Abril 2010 en
Luccano, Caronte, y las Musas



No traes una moneda para mí y sin embargo ¿pretendes cruzar el Aqueronte? ¿Eres Heracles?, ¿eres Orfeo?, ¿eres un hijo de los dioses? Veámoslo bien.

No tienes la fuerza, tus ojos no miran, te persigue la muerte, el silencio te envuelve.
No, tu estirpe no es divina. Yo soy Caronte y tú, mortal a medias, ¿me desafías?

Errante maldito, ¿dónde están tus ojos?, vagabundo de infiernos, tu mirada es perdida, en el firmamento escapaste como el diablo de un destino que aún no te era dado conocer. Y tú, Luccano, te equivocaste, al llamar a la Muerte, porque no es éste tu sitio. Pero no puedes pasar si aún estás vivo y la sombra de la Muerte que aún te atenaza, no te ha dejado la moneda con que has de pagarme a mí y a mi barca.
Aquí se detiene tu caída, ¿por qué te quisiste asomar?, paloma de alas rotas, detén tu vagar sin rumbo, porque más allá de mi barca y del río, se extiende, con sus nueve Infiernos, el Inframundo. Dante los conoce bien. Aquí murieron, los que tuvieron que perecer.

Lo siento, tu lugar no éste, no muerto, al final, tu corazón también, se resistió a obedecer.

Admira a todas estas almas marchitas, cien años vagarán por la ribera del Aqueronte sin poder cruzarlo, tal es su pecado, que llamaron a la muerte y a mí no me pagaron. No, Luccano, no éste tu lugar, antes conociste el infierno en vida que quedarte a medio caminar. No hay nada para ti en el Aqueronte y en su ribera, cien años de dolor, de tormento, de soledad, porque cien años de remordimientos son los que te esperan. Yo no voy a dejarte pasar y menos sin la moneda, porque la Muerte, guárdate de ella, ni el reposo te permitirá encontrar.

Y tu corazón sigue latiendo porque aunque ahora detestes esta vida pronto volverás a amarla, y yo que he transportado a todos los muertos de este mundo, que es el tuyo, a la otra orilla, que es la mía, también puedo intuirlo y tú corazón, joven Luccano, también te ha traicionado.

Tus ojos vacíos me atraviesan y sin embargo, tus latidos se elevan, se aceleran cuando alzas tu cabeza para contemplar, en medio de la oscuridad, el firmamento. Tu lugar, obsérvalo, Luccano, inmenso es el firmamento, tus ojos están vacíos, también en soledad.
(Aquí, algunas voces disconformes de un amplio sector de las almas de los no muertos, se alzan, un poco temerosas, aprovechando el tumulto que se ha formado para observar la escena. Y es que algunos llevan casi cien años sin ver casi nada digno de mención, y mucho menos un medio muerto o no muerto, echándole cojones a Caronte o pasando de su culo). ¡Caronte, malaje! Que tienes toda la cara de mi Paco cuando lo mandaba a por los recados Que el chaval no tiene ojos, no se lo recuerdes más mirando al cielo y diciéndole que la noche está muy bonita, que hay que tener muy mala hemoglobina, perdóname que te lo diga. Porque tú te tenías que callar el primero, porque eres guapo, pero de lejos, qué las cebollas lloran nada más que de verte, en vez de hacerte llorar a tí. Preparados, listos, ya. ¡Qué nos mira!

Y las almas ya se dispersan, Luccano, no tengo más que mirarlas, malditos muertos vacilones y tú sigues siendo incapaz de bajar la cabeza, de dejar de sentir como tu corazón late y te obliga a buscar la luz. –( Luccano no verá, pero el que ve como se intentan escaquear las almas es Caronte y la memoria digital con punto de mira telescópico y radio-karaoke-altavoz estereofónico que lleva su nuevo remo de aluminio forrado de púas, y que se ha ido quedando con sus caras, una por una, para alegrarse esas tardes del trabajo, pasando muertos de aquí para allí, con el fútbol y con cada nueva derrota cosechada por el equipo de sus amores, porque Caronte podía ser un peazo de sieso como hay pocos y un malaje, pero también sabe amar, aunque sea a un equipo de fútbol que se estuviese llendo al pozo de segunda b, maldito Cádiz, de ahí su mal humor perpetuo)- Espera que lo conecto. Uno, dos, uno, dos, uuuuuuh, uno, dos, la barbacoaaa, no, esto era un poco en broma, pero, Luccano no dejes de tomarme en serio, yo soy Caronte, no lo olvides, uno, dos, el barquero del inframundo, probando, Caronte te habla, uno, dos, ¡Caronte te grita!, mierda de volumen del sincronizador del remo, espera, Caronte te habla, con un retraso de 6 segundos, joder con el TDT y las tecnologías, el remo de madera era más fácil, ya está, Caronte te habla, yo soy el guardián de este río, si no pasaron en pena las almas, tampoco los vivos, y tu pena te aleja del Aqueronte. Y amí, por advertirte, me castigarán. ¿el remo antes me dejarán probar? Tengo tantas cuentas por ajustar y la memoria digital del remo está llena.

Al menos tú, una vez brillaste, pero yo me tengo que contentar con escuchar mi radio, pensando, ¿acaso, qué se siente siendo mortal y surcando el espacio? Pero después escucho a los muertos hablar y me hierve la sangre, y entonces tengo que recurrir al nuevo remo que me recetó el doctor y con unas cuantas almas me alivio mi malestar.
Fuentes de agua, cielos de luces, lágrimas de pena, a veces, dejan de ver, de oír y de escuchar, porque ya no quieren seguir viviendo y las estrellas se estrellan, se apagan o se marchitan como las rosas en el invierno más largo que nunca antes había desnudado de espinas sus almas.

Melpómene canta a las musas para que despierten sus versos de poesía, cantos de seda con los que entreteje las estrellas permitiendo que no dancen erráticas, se consuman o caigan a los pies de mi río. Y ella las guía con su poesía, y las musas, le ayudan.

Y las musas, ¿a Melpómene, escucharon? Las musas, siguieron en su cabeza y aunque su canto también se hizo más débil, no la abandonaron. Las musas continuaron, cantando, hermosas entre la noche, por ser mujeres qué bellas, entre las estrellas, como antes tú también lo fueras, entretejiendo su destino con más seda.

Como el mar, yo soy eterno y como el deseo, breve tu eres , de esperanza, cuando la Luna a las flores le habla, las canciones de seda brillan, ocaso de la confusión, rayos vivos en las noches de Luna llena, las noches de las musas, los faros de las estrellas.

Poesía que tanto emocionó los corazones, ni aun Caronte a negarlo se atrevió. Tu corazón espera, de nuevo poder oír su canto, las llama con su latido y las musas pronto responderán.

Arriba la seda ya brilla, Luccano parte en busca de tu lugar.

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