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Blog de la Comunidad de soyborderline.com Trastorno Límite y Trastorno Bipolar
NO ME ARREPIENTO DE NADA
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Desde la mujer que soy, a veces me da por contemplar aquellas que pude haber sido; las mujeres primorosas, hacendosas, buenas esposas, dechado de virtudes, que deseara mi madre.
No sé por qué la vida entera he pasado rebelándome contra ellas. Odio sus amenazas en mi cuerpo. La culpa que sus vidas impecables, por extraño maleficio, me inspiran.
Reniego de sus buenos oficios; de los llantos a escondidas del esposo, del pudor de su desnudez bajo la planchada y almidonada ropa interior. Estas mujeres, sin embargo me miran desde el interior de los espejos, levantan su dedo acusador y, a veces, cedo a sus miradas de reproche y quiero ganarme la aceptacion universal, ser la "niña buena", la "mujer decente", la Gioconda irreprochable. Sacarme diez en conducta con el partido, el estado, las amistades, mi familia, mis hijos y todos los demás seres que abundantes pueblan este mundo nuestro.
En esta contradicción inevitable entre lo que debio haber sido y lo que es, he librado numerosas batallas mortales, batallas a mordiscos de ellas contra mi -ellas habitando en mí queriendo ser yo misma-. Trasgrediendo maternos mandamientos, desgarro adolorida y a trompicones a las mujeres interas que, desde la infancia, me retuercen los ojos porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños, porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable, que se enamora como alma en pena de causas justas, hombres hermosos, y palabras juguetonas. Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada, e hice el amor sobre escritorios -en horas de oficina- y rompi lazos inviolables y me atrevi a gozas el cuerpo sano y sinuoso con que los genes de todos mis ancestros me dotaron.
No culpo a nadie. Mas bien les agradezco los dones. No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf. Pero en los pozos oscuros en que me hundo, cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos, siento las làgrimas pujando; veo a estas otras mujeres esperando en el vestíbulo, blandiendo condenas contra mi felicidad.
Impertérritas niñas buenas me circundan y danzan sus canciones infantiles contra mí; contra esta mujer hecha y derecha, plena. Esta mujer de pechos en pecho y caderas anchas, que, por mi madre y contra ella, me gusta ser.
AUTOR DESCONOCIDO



