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Blog de la Comunidad de soyborderline.com Trastorno Límite y Trastorno Bipolar
RECLUTADA 2
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El comandante general de la División Blindada, era el General de división E.P. Rafael Hoyos Rubio y el Comandante del B.I.B. 211, era el T.C. Inf. Dulanto Dulanto. La vida en el cuartel era muy dinámica, una de las áreas de mayor movimiento era: la gran cocina, en la que se preparaban los alimentos para la tropa, tenia en su interior tres inmensas ollas a presión cuya energía era provista por un gran caldero, - Un tanque de acero con palancas y manómetros y presostato – al lado de las mismas habían dos grandes sartenes eléctricos volcables; el calor generado en esas instalaciones lo hacían uno de mis lugares predilectos, allí me abalanzaba sobre los potes vacíos de leche condensada, que por la rapidez de la preparación no eran vaciados en su totalidad, realmente me daba un festín.
Lo criticable era que al preparar grandes cantidades de alimentos, no se tenia en cuenta la limpieza adecuada, tanto asi que cuando la impresionante olla arrocera hervía, los restos espumosos caían por el costado de la gran olla al piso, formándose unos graciosos montoncitos de tierra; lo mismo pasaba con los frijoles, que eran vaciados directamente de los costales, levantándose una nube de polvo al echarlos al ollon. El pescado apenas era medio destripado se lavaba en un canaston mediante la aplicación de un chorro de agua de manguera, de ahí directo a la sartén el pescado sin escamar, asi que cuando comíamos literalmente teníamos que quitarle la piel para degustar la carne. Una de las comidas que mas me agradaba era la de la hora del lonche – cinco de la tarde- , todo el batallón – quinientas personas- formado para pasar el rancho después del protocolo de todos los días – el parte diario, pasar la lista, dar las novedades y ocurrencias- se daba la orden y en perfecta formación se pasaba por la fila de ollas, recibiendo los alimentos en la dichosa gamela a la que nunca le pude quitar completamente la grasa de tal forma que al día siguiente olía a rancio. En fin a esa hora servían un exquisito te, pan a discreción como siempre y unos buenos trozos de carne excelentemente guisada, que sabia a gloria.
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