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Blog de la Comunidad de soyborderline.com Trastorno Límite y Trastorno Bipolar
Segunda entrega de perdidos
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Pues estábamos perdidos en la isla de Lost, pero lo del chiringuito no funcionó. Ellos siguieron a lo suyo y a mí, tampoco no me funciona nada demasiado tiempo. Al principio iba bien, pero luego los guionistas empezaron a liarla, como siempre, y al final los personajes se me perdieron de un lado a otro del perímetro y yo ya tenía que señalizar con luminosos el chiringuito para que se enteraran con tanto viaje, y eso parecía más bien un puticlub de carretera comarcal, y claro los pobres más bien lo que estaban es cansados cuando llegaban, o sea que de marcha poca y no veas los caretos que me ponían cuando esperaban encontrar manteca y una cama caliente, y me encontraban a mí, sin tetas y con barba, porque entre los guionistas, las peleítas y las caminatas de un lado a otro, tiraban más bien a mal rollo entre ellos. Y ni con la hora feliz y con las performances de la Samantha y sus veinte y un días con sus carajoteces había manera.
Y como las desgracias nunca vienes juntas mi kate, bueno la camarera, también me dejó, yo que sé, desde que empezó con los porros no era la misma y ahora decía no se qué de que se había enamorado de un coco.
Y ya te digo lo que dura un chiringuito. La prisa que se dé hacienda en llegar. ¿Lo qué? Lo que Oyes. Y anda que no había países detrás. Lo que no entiendo es cómo me pudieron coger los buitres españoles, si la isla ésta no se sabe donde coño está, si nos tenemos que remontar hasta 1898 cuando Hawái dejó de ser española, y esto debe de estar por allí, será por la memoria histórica y su más que vergonzante retraso, pero yo estaba empantanado con los papeles para inscribir el negocio porque cuando le da la gana se cambia de país y yo no doy abasto con los trámites de cada uno, pero me cogieron, y yo no quiero ni abrir el sobre con la multa. Y anda que no se han dado prisa. Pues como los demás países sean tan listos, antes de haberlo abierto y después de haberlo cerrado ya me van perseguir unas pocas haciendas. Y eso que yo mandé los papeles a unos cuantos, pero es que se cambia tanto de sitio, que alguno se me habrá colado, pero lo de los españoles no tiene nombre. ¿Cuántas multas me llegarán? Y ahora ¿a qué cola de paro me apunto en esta isla?
Pero ¿cómo llegó hacienda a la isla de perdidos? Aquí todos llegamos en avión. El que no llega siempre es el avión. Y en ese avión también viajaba un médico, desde el otro lado del mundo, para diagnosticar el extraño caso de un joven aún sin diagnosticar del todo. Y claro, un médico siempre sabe más, y eso, lo sabemos todos, al César lo que es del César.´
Estás de suerte pringao, -Oiga, ¿qué hace aquí?- vengo sólo desde el otro lado del charco, allá por donde Cristo perdió la alpargata, para decirte lo que tienes. Aunque antes hemos sufrido un secuestro. Pero no temas, nos secuestraban hasta aquí, justo donde yo quería llegar. -Pues qué bien- Tienes Lupus -¿Mande? -Sí, Ves que fácil.- Oiga que lo mío es de la cabeza-. Bueno, pues yo lo digo en todos los episodios y a partir de ahí empiezo a lanzar campanas al vuelo y así empiezo yo a joder al paciente, por cierto, soy House. Pues entones es Vegener. -Oiga además de cojo, ¿es sordo? Qué es del coco. Me quiere dejar tranquilo. Por ahí, hay un Humo Negro que mata a la gente, ¿por qué no va y se entera de que clase de enfermedad es?, lo mismo es una nueva, y usted su descubridor-. Pues entonces sólo podemos saberlo con una punción lumbar. -Qué lo mío es un trastorno mental o algo así-. Bueno, Pues, cuando se complica el caso y estamos desesperados, como ahora, -oiga, yo no estoy desesperado, lo que estoy es hasta los cojones-, lo que suelo es intentar abrir el cerebro y rebuscar algo que ahora no recuerdo el nombre, pero suena mal, no sé qué isma cerebral, eso a la gente le encanta y a la cadena le sube la audiencia un montón, eso sí, siempre con garantías, se hace con cirugía, yo no juego con la vida de mis pacientes, sólo cuando me aburro, y así tendrás estadísticamente, más o menos, un puñado de de probabilidades de seguir viviendo. ¡Mola!, voy a preparar el quirófano.
Pero House no llegó solo. ¿Y quién secuestró el avión? Todo a su tiempo. ¡Qué crueles pueden ser algunas personas! En ese avión viajaban muchas más personas. Y es que aprovechado el pitote de vuelos y revuelos que se formó con la nube volcánica de Islandia, una mancha de hijos de puta empezó a colocar a ciertos famosetes de medio pelo y alguna otra peor calaña, en esos vuelos, a ver si así se los podían sacar de encima por uno de estos azares de la vida, sino a todos al menos a unos pocos, y maldigo a mi perra suerte, porque acabaron cayendo esos algunos en el mismo puñetero avión del simpático doctor House y sus métodos expeditivos. El mismo que se hizo con el control de la que iba a ser mi Puerto Banús.
Pero entre que preparaba el quirófano en el bar, es lo que tiene la puñetera isla de Lost, que para perderte entre un puñado de personas, todavía más desquiciadas que tú, está muy bien, pero para ir al hospital pues va a ser que no, me puso unas terapias para ir mejorando del presunto Síndrome de Wilson (esto es verídico, casi llegué a tenerlo fugazmente????) y como no había medicinas, pues nos puso a bailar por parejas, organizándonos las coreografías y con sesiones de control, para ver la mejoría. Él decía que todos teníamos mala cara, si viera más a menudo la serie se enteraría de por qué la cara llega la suelo en esta isla, y que el ejercicio nos vendría bien, ya que no descartaba algún enfermo más, mientras él iba perfilando el diagnóstico.
Y mira quien baila. Y vaya que si miro, cómo que uno de los que bailo soy yo. Y si no bailo bien ya te contaré. El puñetero House y sus malditas terapias. O eso o la punción lumbar, o sea que o bailaba con la Esteban y su chicle o me pinchaba en el hígado, o sea que ya sabéis, del tirón, le dije que me pinchase las veces que hiciese falta y con la aguja de elefante y sin anestesia, no me importaba, pero el muy cabrón me amenazó con unas sesiones de purgantes y supositorios, lavativas y rectoscopias, y ahí, entre sudores fríos, ya me derrumbé. Para mí que lo hacía con maldad, sólo por joder. Pero los médicos ya se sabe como son cuando les dan poder. Lo saborean como Nerones.
Y con la macarra pandillera de la Esteban me tocó bailar un tango, pero es que claro, sin el topiramato, he visto a Robocop III correr más rápido que yo y ¿qué quieres que te diga?, tampoco es fácil cuando tu pareja está plastificada por las operaciones y parece poseída por el espíritu de un Action Man y está casi más fuerte que tú, y también la nariz la perdió al final en bolsa de la canguro en la primera parte de la entrega y eso también da algo de repelús. Total que el tango nos quedó más parecido a una celebración de un gol de Maradona de las de antes dejar las drogas. Y el Jurado, o sea House votó que no, que no pasábamos a la final, que la terapia había fallado y yo no estaba poniendo de mi parte, o sea que el gol de Maradona no había valido para nada, menos mal que le pude tapar el agujero de la nariz con el chicle porque entonces habría que haber visto nuestro tango acabado, o sea que me tocaba la punción, salvo, salvo que el público votase, y el público, que gran mancha de cabrones, ¡cómo le gusta la sangre! , votó que bailase con Dexter, otro d elos que llegó en el maldito avión secuestrado-vamos no me jodas, ¿cómo voy a bailar con el psicópata ése? , ni de coña, ¿pero quién escribe esto?, la punción, hazme la punción, y las lavativas, me da igual-, y cuando ya estaba bajándome los calzoncillos y el sudor frío había desaparecido, porque la brisa caliente del pacífico en tu culo a la intemperie te lo quita enseguida, aparece el puto House con una batidora y me dice que el quirófano ya está montado y que mi puñado de posibilidades se ha reducido en otro puñado, -¿mande?- y que ahora son menos puñado todavía porque tengo un color verde muy raro, pero que eso ya me lo explica después de la operación porque a la batidora se le están acabando las pilas y no quiere que se le agoten en medio de la operación,-sí, claro, y si no son los maycromachines no son los auténticos, pero ¿qué cojones me estás contando? Nos ha jodido, pues claro que estoy verde, para no estarlo, ponte tú a bailar con el Dexter y a ver de qué color te pones. Míralo, si me sonríe cada vez que me mira. ¡Que no bailo!-. Pues al quirófano.
Y mira quien baila. Y ya te lo digo yo quien baila. Es que la imagen evocadora de un sádico, casi tanto como con el que tengo que bailar, hurgándome la cabeza con una mulinex a pilas, que no son alcalinas, en un chiringuito lleno de arena reconvertido tan alegremente en hospital, acabó por terminar de limar mis suspicacias acerca del sonriente Dexter.
Pero yo hice lo que pude, yo lo intenté con las terapias, y los putos bailecitos, ensayamos las coreografías y todo, pero hasta un punto. Yo tengo un límite en aceptar tanta amabilidad. Porque Dexter era extremadamente amable conmigo, a pesar de que yo tenía un desagradable color verde, a pesar de que el trastornado o el enfermo era yo, a él no le importaba, porque se desvivía en atenciones por mí, y yo no me fiaba ni un pelo, pero él era todo sonrisas. Me acompañaba a casa. -¿Tienes plan? –err, pues la verdad es que…sí, estaba bastante ocupado- estupendo, acabo de pasar de causalidad ahora por el chino de la esquina -¿ya han llegado los chinos a la isla?, no jodas- y he comprado una cena para dos, nada, dos tonterías, un par de langostas y algunas ostras, algo de champán francés, y un liguero- errr, es que yo soy más de chanclas, esto es una isla, y tiene arena y todo eso..- y también he pasado por el videoclub y he alquilado un par de pelis, Historias de San Valentín y American Psicho. – Ah, qué contraste, ¿no?, que bien, pero yo estoy un poco liado, ¿también hay videoclub?, oye, ¿tú no eras forense?, mira, yo últimamente no ceno demasiado, sí, desde que te conozco va a ser, y ¿qué son todas esas herramientas?- No te preocupes, siempre me llevo algo de trabajo a casa, y además me he traído también el cepillo de dientes y el albornoz, por sí después ya se me hace tarde para volver, espero que no te importe. ¿Dónde tienes el baño y los voy dejando?- No, no, te estás confundiendo- ¿Cómo que confundiendo?- A ver, a ver, Dexter, no hace falta que cojas el serrucho, si yo ya voy teniendo algo de hambre, si lo que no consigas con esa sonrisa- Otro puto médico loco. Nos poníamos alguna peli, si total yo no suelo dormir mucho, pero es que el cabrón éste tampoco, así que luego lo mandaba para casa. Mira, le acepté incluso las flores, por la mañana, por las noches. No dije nada tampoco, cuando al segundo día se mudo a la choza de al lado. Tampoco cuando al tercero lo tenía en la choza del tercero. Pero joder, es que cuando terminó la semana ya lo tenía puerta con puerta y no sólo eso, había abierto en mi propio edificio, en su misma casa la primera clínica forense de la isla de perdidos, esto ya es demasiado, y yo me había quedado misteriosamente sin vecinos. Bueno, misteriosamente… Joder, y yo ya no quería saber ni de qué color me estaba poniendo.
Y mis terapias iban muy mal. Yo se lo expliqué a House, me planté, se lo dije, se lo había permitido todo al Dexter, incluso me había tenido que cambiar de teléfono, no me importa, bueno, sí, pero, no me voy a poner a discutir con un psicópata, pero por lo que ya no paso es que se ponga creativo en las terapias.- ¿Por qué? Vamos, si está tan sonriente que te está diciendo, baila está polca conmigo-Ya House, pero es que últimamente ha estado un poco inspirado al ensayar y dice que con un pico y una pala se baila mejor y nos dará más fluidez de movimientos, que me deje llevar, que cierre los ojos, dice. Y yo no bailo una polca así. Que no- No quieres colaborar. Al quirófano. Dexter, usted, es médico, ¿puede ayudarme?, el paciente no se deja-¿qué?-.
Y de cabeza para el quirófano. Dile tú que no a dos médicos psicópatas con todas sus herramientas en la mano para convencerte. Porque el Dexter también quería ayudar, y cómo no, sonriendo también con su maletín. Porque el único que era paciente era yo. Eso sí, el cepillo lo había dejado vete a saber donde, pero ahí estaba todo lo demás, el serrucho, el estilete, el punzón, ¿el fórceps?, el martillo, el pico, la pala…- Oiga, esto no era una cirugía en el cerebro, ¿y me traen una batidora y un equipo para echar abajo una pared?, pero esto, es una cámara oculta, ¿no?, bueno, pues yo ya les voy dejando que yo ya me he reído un montón…
Pero me operaron, con tres botellas de José Cuervo como anestesia y como desinfectante, lo que se llama muy profesional, según íbamos necesitando pues íbamos anestesiando o bebiendo o desinfectando, con dos cojones. Con la batidora me estaban hurgando en la cabeza cuando le fallaron las pilas, -¿cómo?, ¿pero yo no tenía que estar dormido y no borracho?-tranquilo chaval, que el no sé qué isma cerebral ese tampoco aparecía, -ah, pues menos mal, con este agujero ya tengo un sitio donde apoyar el cubata, ¡no me jodas!- yo creo que vas a tener un trastorno mental o algo así, y si no te lo habremos provocado, porque te estás poniendo azul, pero eso sí, la batidora no te la puedes tocar-¿Qué?- sí, es que las aspas están enredadas con unos tubitos colorados y azulitos de por ahí dentro y yo llevo un pelotazo de tequila que no atino bien, además las pilas no van, yo no tocaría, pero puedes seguir el consejo del doctor Dexter y Cortar el cable rojo, el que se dice siempre en todas las películas. Ahí anda, ¡Dexter!, ni me escucha, en el catorceavo chupito yo ya no le netendía nada, yo se lo dije, que no hay que operar con José Cuervo y el estómago vacío, pero...por cierto, pásame ese culillo de la botella de allí.
Al final me dejaron tranquilo, y es que tenían tantas cosas en común y sobre todo que esconder de los demás que al final House mudó a mi choza, puerta con puerta con el Dexter, Dios los cría y ellos… ellos sabrán lo que hacen, y yo me largué a otro lado más privado, mientras me dejen en paz…-hola, yo ayudo a los muertos, y tú como estás azul y tienes una batidora en la cabeza, te puedo dar esta tarjeta con el número para contactar con Elvis, él está muerto, ¿sabes? Pero yo hablo con él, para que te alegre esa mala cara, la canción esa de las vegas, uuuhh, ¡qué subidón!- ¿Pero en este vuelo ha venido todo el mudo? La que me faltaba, la de la serie de Medium. Anda que no habrá muertos en todo el coñazo de isla ésta. ¡Señora, que lo mío es un puto trastorno! Que no estoy muerto. Qué me deje. Y cómprese pastillas para dormir o eche un polvete, que para algo tiene un marido, que no es un peluche, se llaman orgasmos cuando termina , que ya no es en horario infantil cuando sale en la tv, y verá cómo deja de ver muertos después, pero haga el favor de dejarme en paz.
Y yo intenté hablar con Kate, que con tanto hablar aunque al menos ya había recuperado el color, y ella tampoco estaba por la labor, así que ni tanga, ni la brisa meciendo nuestra piel, ni nada, porque ahora se encontraba liberada de los hombres sentimentalmente, y ligada a un coco, estaba en una etapa de la vida más emprendedora, -sí, claro-ella estaba poniéndose hasta las patas de marihuana, y como en esta isla llega hacienda pero no hay policía, se estaba montando una plantación para su comercialización y exportación al por menor, lo que en Cádiz conocemos por trapicheo, -bueno, bueno, tampoco nos vamos a despedir así, tan fríamente, ¿no?, aunque sea por los viejos tiempos- pero no estaría tan enamorada del coco, cuando me lo tiró. Tal vez, en otra ocasión. Y con esta mierda de batidora no te creas que es tan sencillo esquivar.
Total, que así acabaron algunos, como la de Médium, que siguió mi consejo y ahora ya no ve muertos, pero porque se fuma unos petardos antes de acostarse que se le ponen los ojos en blanco a ella, claro, ni muertos, ni polvete ni nada, y el marido que le pide el divorcio y a mí me quiere demandar -oiga, dígaselo a mi ex, ¿a mí que me cuenta?-, venga, más papeles, ¿es que no me saldrá nada bien?. Y también anda pillando porros el ex novio de Falete, que también anda por aquí, no me hables de éste, no me hables, en cierto modo, es el responsable de que muchos de éstos me hayan amargado tanto mis proyectos, porque éste con tanto lío al final se equivocó y se secuestró a sí mismo, y para rematarlo, el hombre no da para más, también secuestró su propio vuelo y a todos los que venían con él, para que se dirigiesen a una isla que estuviese perdida, lo más perdida posible, en mitad de la nada, ¡arggggh!, ¡este tío es tonto!, pero al final me dio pena, y es que no tiene nada que hacer el pobre, nadie le hace caso, a la semana y pico de estar secuestrándose él solo, es a lo que se dedica aquí, ya se aburre, por eso se ha enganchado. Joder, ¿a qué hemos llegado?, de empresario hostelero a personajillo del tres al cuarto con una batidora en mitad de la cabeza, así acabé, y que no me puedo quitar porque se me desparramaría vete a saber qué por culpa de esos putos chalados, así no hay manera de que se fijen en mí, bueno, si fijarse se fijan, lo que quiero decir, es que ligar, no ligo demasiado. He probado con un sombrero. Pero apareces en la primera cita con un sombrero muy chulo, asomándote a algo más de 10 centímetros por encima de tu cabeza y bailando, apoyado en algo que parece un palo muy gordo, y la imaginación no se detiene solamente en que soy excéntrico. No me extraña que Kate se haya enamorado de un coco.
Y seguimos perdidos aunque a esta isla continúe llegando gente.
Pero ya echamos el telón de esta nueva edición de perdidos, igual de atrapado en el tiempo, pero sin renunciar a viajar con mi imaginación. Afilando los dientes, porque los cuchillos los afilé en otros lados, demorando mi entrada en la vida, apartando los versos, recordando que a mí lo que más me gustaba era reír, ya me vuelve la melancolía, recreándome en darme un vuelta por la isla más canalla que me imagino. Allí también estoy perdido, pero sonrío, porque en mi soledad no estoy tan solo.
El poder de la imaginación. Espero que os haya gustado.



