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Nuestras Emociones: Compartición y Empatía

Nuestra vida está llena de relaciones interpersonales y en todas ellas, lo queramos o no, expresamos y percibimos emociones. Decidimos si alguien nos cae bien o mal predominantemente por el contenido emocional de su comunicación, aceptamos lo que nos sugiere otra persona según el grado en que sintonicemos con ella, y hacemos casi lo que sea para evitar el sufrimiento a nuestros seres queridos.

La vida es emoción. Un mundo sin emociones es plano, probablemente predecible e insatisfactorio. Sin ellas es difícil sentir placer y el dolor se convierte en una experiencia abrumadora. La sensación de soledad se potencia hasta el extremo y los demás rehúyen a la persona como si de un autómata se tratase.

¿Sabemos expresar, compartir y aceptar las emociones? El concepto de compartición, empleado en las psicoterapias cognitivas, puede arrojarnos más luz sobre la empatía y la comunicación emocional.

No es nuevo que muchos de los problemas humanos tienen su origen en dificultades de comunicación. Algunas personas tienen grandes dificultades para expresar sus sentimientos y muchas ni siquiera lo intentan. Mis “amigos” los manipuladores cotidianos son auténticos expertos en ocultar sus emociones, inventarse las de los vecinos y generar incomprensión en sus relaciones interpersonales. Así les va.

“No hay palabra mal dicha, sino mal entendida”, dice un refrán castellano. Muchos de los problemas de relación no son tanto de expresión como de comprensión. Pero, ¿cómo comprendemos los seres humanos? Antonio Semerari, en su libro “Psicoterapia cognitiva del paciente grave, metacognición y relación terapéutica” propone el concepto de compartición para responder a esta pregunta.

Cuando dos personas entablan una conversación con contenido emocional la comprensión se produce en base a lo que uno piensa sobre las intenciones del otro. Hay contenidos compartidos por parte de ambos que hacen que la comunicación sea posible. Algunos seres humanos (o la mayoría, quién sabe) tienen difícil acceder a esos conocimientos, lo que hace que sus relaciones interpersonales sean artificiales y vacías. La compartición tiene 4 niveles.

EGOCENTRISMO: ¿LO OPUESTO A LA COMPRENSIÓN?

Hay muchas personas que no pasaron de aquella época en que se creía que el sol giraba alrededor del planeta Tierra. Creen que son ellos los únicos poseedores de la verdad y que las únicas reglas válidas son las suyas. Piensan de una forma egocéntrica.

Es imposible compartir contenidos emocionales cuando se adopta una perspectiva exclusivamente centrada en uno mismo. Frases como “es que si esto es negro yo no puedo decir que es blanco”, o críticas persistentes hacia todas y cada una de las personas significativas del entorno nos ponen en la pista de una persona que es incapaz de considerar el punto de vista de los otros, incluso en el nivel más básico, el del contagio emocional que veremos un poco más adelante.

Las personas egocéntricas padecen de una especie de “retraso mental emocional”, y plantean relaciones autoritarias o pasivo-agresivas. Se pasan la vida buscando una felicidad que no llega, y de lo que culpan a las personas con quienes se relacionan. Malos compañeros de viaje.

CONTAGIO EMOCIONAL: SI YO LLORO TÚ LLORAS

El nivel primario de compartición es el contagio emocional: Si dos personas participan en la conversación y una está triste, la otra también se entristece, como les ocurría a las plañideras que se contrataban antiguamente para llorar en los entierros.

A este nivel, aparte del tono emocional no se comparte nada más. Si te veo llorar me siento triste y yo también me pongo mal, pero puedo no tener ni idea de lo que te está ocurriendo. Incluso la persona puede mantenerse a un nivel egocéntrico, en el sentido de que atribuye al malestar del otro una causa que a ella le haría sentirse mal. Las plañideras lloraban porque les pagaban, pero también porque se contagiaban del ambiente reinante y ellas favorecían ese contagio en los demás. También porque alguien había perdido a un ser querido, pero eso a ellas en el plano personal no les decía demasiado. Podían intuir el escenario mental de las otras personas, pero no lo compartían.

Este nivel de procesamiento, útil y primitivo, lleva a confusiones. Pensamos que las personas más emotivas son quienes tienen sentimientos más intensos y las más capaces de comprender a los otros. Pero cuidado: Puede tratarse de plañideras disfrazadas.

COMPLEMENTARIEDAD: RELACIONES DE AYUDA

El contagio emocional tiene una función: Mueve a las personas a ayudar a otras. Al ver a alguien desvalido lo más probable es que otros se movilicen para ayudarle a resolver su problema. En las actitudes emocionales complementarias la necesidad de uno induce en el otro la disposición al cuidado. Están en la base de la mayor parte de las relaciones de manipulación, especialmente cuando se plantea una comunicación victimista, ya que a las víctimas siempre hay que ayudarlas.

Es un segundo nivel, aquí ya se comprende que al otro le ocurre algo, y que está en nuestra mano hacer algo para poder ayudarle. Empiezan, por tanto, a surgir contenidos compartidos. Pero puede mantenerse todavía una visión egocéntrica, ayudarle pensando que dentro de un tiempo esa persona nos devolverá el favor, o bien para acabar con la tensión que produce el contagio emocional.

COMPARTICIÓN COGNITIVA: EL INICIO DE LA INTELIGENCIA

La compartición cognitiva está a un nivel elevado, y permite que las relaciones interpersonales sean fluidas y agradables para quien es capaz de llegar a este nivel. En los anteriores la compañía podía ser gratificante en las fases iniciales y se iba volviendo cada vez más agobiante y negativa con el paso del tiempo, de tal forma que era difícil que existiesen relaciones de larga duración que llenasen emocionalmente a la persona.

Pero, ¿en qué consiste la compartición cognitiva? Pensamos que existe cuando en la relación los dos participantes se interesan por el mismo tema y lo abordan con un interés recíproco y de modo coordinado. Por eso pongo más arriba que es el inicio de la inteligencia (puedes ver en la Teoría de la Estupidez una de las más claras definiciones de inteligencia que he visto nunca). Las dos personas asumen que se relacionan para conseguir un objetivo, y que ambos tienen puntos de vista que pueden ser excluyentes en algunos aspectos. Aún así, intentan llegar a la solución más beneficiosa para ambas partes. Hay respeto a pesar de la divergencia, y se puede plantear una conducta asertiva en busca de un compromiso viable.

Desgraciadamente, hay muchas personas que no llegan a este nivel. Y es una pena porque supone una gran liberación de esa pesada carga de egocentrismo que todos llevamos dentro en alguna medida.

COMPARTICIÓN EMPÁTICA: PONERSE EN EL LUGAR DEL OTRO

El nivel más elevado de compartición (y al que no llegamos todos ni llegamos siempre) es la compartición empática. Sabemos que se da cuando al menos uno de los participantes en la relación es capaz de comprender el escenario mental del otro, “ver el mundo desde sus ojos”, de tal forma que pueda hacer un experimento consciente de simulación sobre sí mismo para sentirse de la misma forma que la otra persona. Esto no quiere decir que tenga que ceder a sus pretensiones, contagiarse de las emociones o ponerse en plan “buen samaritano” si no lo considera oportuno. Sólo, que es capaz de entender lo que le ocurre al otro. Y eso es lo más difícil.

La mayor ventaja de la compartición empática es que es incompatible con la presencia de sentimientos negativos hacia la otra persona. Podemos entender por qué el jefe nos despide, por qué nuestra pareja nos da voces a todas horas aunque pensemos que no tiene razón, o por qué la vecina de arriba nos sacude la mopa llena de mierda en el balcón. Pero no necesitamos enfadarnos, sólo intentar poner los medios para resolver el problema, e intentar llevar a la otra persona al menos al nivel de compartición cognitiva.

http://www.geocities.com/jc_vicente

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